lunes, 23 de enero de 2012

EL AJUSTE EUROPEO EN UN AÑO DIFÍCIL

A la Unión Europea le quedan escasas alternativas
http://sp.rian.ru/opinion_analysis/20120111/152424943.html

La Europa comunitaria se tendrá que enfrentar a lo largo del año a profundos cambios y con toda seguridad acabará siendo apenas reconocible.
A la Unión Europea, que está atravesando la crisis de la moneda única y de la deuda pública de los países del sur de la UE, no le quedan más que dos opciones y ambas tienen que ver con el bisturí: cirugía financiera y constitucional en el ámbito general o en el local, dirigida a sanear el euro y a erradicar la creciente deuda.

“Plan fiscal conjunto” para quienes lo deseen
La UE parece haber elegido el segundo camino, aunque el itinerario podría sufrir ciertas variaciones: desde los primeros días del año los expertos en derecho de la Comisión Europea y de los gobiernos nacionales de los países miembros empezaron a trabajar en la redacción del acuerdo, bautizado por la prensa europea como ‘Plan fiscal conjunto’. Su firma se acordó en la cumbre de la UE celebrada en Bruselas a mediados de pasado diciembre.
No en vano tiene contratada la UE un equipo de juristas tan grande y experimentado, conocedor del arte del giro terminológico. Tras el nombre del ‘Plan fiscal conjunto’ o intergubernamental se esconden las enmiendas a la Constitución Europea; es decir, al Tratado de Lisboa de 2007 que definía las enmiendas al Tratado de la Unión Europea y al Tratado constitutivo de la Comunidad Europea. Éstas serán reunidas en un documento aparte y los miembros de la UE serán libres de aprobarlo o no.
El documento introducirá una disciplina financiera férrea junto con un estricto control de gastos y fijará legalmente las obligaciones de evitar el déficit presupuestario. Se ampliará la coordinación de las políticas económica y financiera de los países comunitarios y las funciones gestoras de la Comisión Europea, el Gobierno de la UE. Corren los rumores de que el actual presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, quedó muy contento al respecto, dado que al organismo por él encabezado se le otorgaba el papel de gobierno encargado de asuntos económicos.
El Reino Unido, que desde siempre se ha mostrado algo contenido respecto a todas las iniciativas provenientes de la UE, se ha negado a apoyar lo que le parece, en el fondo, un conjunto de enmiendas a la Constitución Europea. En un principio Londres estaba dispuesta a aceptar el proyecto, pero exigía condiciones preferentes y excepciones que le concederían el derecho a voto sin conllevar ningún lastre financiero ni presupuestario.
En realidad, el Reino Unido nunca se ha terminado de integrar en las estructuras comunitarias desde su adhesión en 1973 al Mercado Común Europeo. El país no se unió ni a la eurozona ni a la zona Schengen, a la que apoya sólo jurídicamente y participando en su sistema de información. Todavía no ha habido precedentes de que los británicos tomaran decisiones sobre el funcionamiento de la UE y sobre las enmiendas a sus tratados fundacionales.
Se podría decir que la Unión Europea se está convirtiendo en la Unión de los 26 más uno, volviendo a ocupar el Reino Unido un lugar especial. Y no solo eso: la iniciativa de la introducción de la disciplina fiscal formulada por Alemania y Francia la apoyaron en su totalidad únicamente 23 miembros comunitarios, entre ellos los principales “infractores de la disciplina financiera”; es decir, Grecia, Portugal, España e Irlanda. En Irlanda posiblemente se celebrará un referéndum sobre este asunto, y estas consultas en irlandesas son capaces de echar por tierra cualquier proyecto. Sólo se ratificó el Tratado de Lisboa en 2009, después del segundo plebiscito.
Suecia ha manifestado necesitar tiempo para reflexionar y estudiar los detalles del documento. Eslovaquia, Suecia y Hungría han hecho unas declaraciones parecidas.

Una Europa a dos velocidades, pero sin Sarkozy
De modo que todo parece indicar que Europa no llegará a finales del año en su composición actual. La Unión podría despedirse de quienes no estén de acuerdo con la forzosa cirugía financiera. Y algunos de los autores de la nueva disciplina económica podrían perderse los resultados de su iniciativa.
Precisamente el actual presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y la canciller de Alemania, Angela Merkel, hace casi tres años empezaron a insinuar que habría que convertir la UE en una Unión “a dos velocidades”. Los países capaces de mantener la disciplina financiera y desarrollarse, acabarían adelantados al resto y el ejercicio del plan intergubernamental persigue este objetivo en concreto. Sin embargo, en primavera en Francia habrá elecciones presidenciales. Sarkozy ni siquiera ha anunciado su participación, prometiendo hacerlo en febrero, un mes antes de los comicios, práctica habitual para el país. Existen serias dudas de que esté dispuesto a abandonar el Palacio del Elíseo.
De acuerdo con los últimos sondeos de la opinión pública, el principal adversario de Sarkozy, el exlíder del Partido Socialista, Francois Hollande, le supera con una ventaja de entre 4 y un 10% de votos. La tercera candidata a la presidencia, Marine Le Pen, según revelan las encuestas, podría reunir entre un 14 y un 19% de los votos emitidos.
Sarkozy espera que a su favor juegue la reforma electoral, llevada a cabo en los años de su gobierno: en 2012 entra en vigor la Ley aprobada en 2009 que permite a los franceses residentes en el extranjero elegir diputados propios para la Asamblea Nacional. Anteriormente sólo podían votar en las elecciones parlamentarias por candidatos de distritos franceses. Ahora en Francia existe un diputado por Estados Unidos, por poner un ejemplo. Hace un año se creía que el mandato se concedería a la actual directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde. Habrá también un diputado por África del Norte, por Europa del Norte (Reino Unido, Irlanda, países escandinavos y países bálticos) y por la Europa hispanoparlante. En total aparecen once escaños por distritos electorales de ultramar.
La experiencia demuestran que la mayoría de los franceses que votan en el extranjero es propensa a apoyar los partidos de centro derecha, concretamente la Unión por un Movimiento Popular liderada por Nicolas Sarkozy. El hecho de conceder Sarkozy diputados propios a los votantes esparcidos por el mundo será, sin lugar a dudas, de su agrado. Y son 2,5 millones de personas, ni más ni menos.
En cualquier caso, a Francia la esperan dos vueltas de elecciones presidenciales y no queda nada claro el nombre del futuro ganador. Sería una pena si tras el apuesto primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, se marchara el hiperactivo Nicolas Sarkozy. El aburrimiento llegaría a Europa, a la nueva Europa.

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