jueves, 11 de octubre de 2018

AMERICA LATINA EN CRISIS


América Latina en crisis se vuelca a Estados Unidos
Norberto Emmerich

El economista Nouriel Roubini sostiene que la economía mundial atravesó desde la crisis de 2008 varios años de crecimiento lento e inconsisten­te y ahora se encuentra en una etapa de cre­cimiento por la combinación de estímulos fis­cales en Estados Unidos y China y estímulos monetarios en Japón, Europa y China, aunque predice el reingreso a un panorama de crisis mundial en 2020.
México, así lo afirma el Banco Mundial, crecerá 2.2% en 2018 y un porcentaje similar en 2019 aunque sin la fortaleza suficiente para traccionar a otras economías de la región con expectativas menores. La perspectiva de crecimiento tiende a la baja respecto al anterior pronóstico de 2.5% e impactará en el primer año de gobierno del nuevo presidente López Obrador.
En el período inmediato los actores mantendrán su cautela respecto al USMCA (ex TLCAN) porque la incertidumbre en materia comercial se alimenta de la aprobación del acuerdo por parte de los poderes le­gislativos, lo que depende de la incierta homogeneidad de la bancada de Morena.
Si Andrés Manuel López Obrador no impulsa una reforma tribu­taria ni incentiva una mayor producción de petróleo se verá obligado a gobernar con el menor nivel de ingresos pú­blicos desde el año 2009, con apenas el 21.7% del PIB. Sin embargo operan a su favor los nuevos hallazgos petroleros, la delimitación de dos previos y el inicio del desarrollo de dos depósitos más. Con ello Pemex sumará 210,000 barriles diarios de petróleo en los próximos dos años.
El próximo gobierno enfrenta al menos tres retos: sustentar la solidez macroeco­nómica, garantizar una política fiscal robusta y reducir la corrupción e inseguridad. Sí cumplirá los dos primeros, pero ya podemos afirmar que no podrá con el tercer requisito, lo que traerá desconfianza de los inversores. Aunque la actividad mexicana seguirá sostenida en la demanda de Estados Unidos, que se expande de ma­nera consistente, el crecimiento mexicano ha sido históricamente modesto en comparación con su potencial. “El performance no corresponde a su calibre” dice Gian Maria Milesi, subdirector de Investigación Económica del FMI.Es aceptado que México tiene una gestión macroeconómica sólida, pero puede hacer más que eso. Uno de los factores que ex­plica la lentitud "es la prevalencia de la corrup­ción y la inseguridad”.
Todos estos factores explican el retraimiento de la política exterior mexicana en el próximo sexenio, más apegado a Estados Unidos de lo que sus electores pudieran prever, incluso en sus estrategias de seguridad.
Las finanzas mundiales se endurecieron por el alza de las tasas de interés de Es­tados Unidos desencadenando una presión sobre los mercados emergentes localizada en Turquía, Argentina y Brasil donde los desequilibrios fiscales y políti­cos motivaron un catastrófico ajuste de carteras.
Mientras el crecimiento mundial se estima en 3.7% en 2018 y 2019, liderado por India y China, el crecimiento conjunto del PIB en América Latina será apenas del 0.6% con Sudamérica en una clara recesión que pronostica apenas el 0.1%, en el umbral de la parálisis. Las economías de Venezuela, Brasil y Argentina serán las de peor crecimiento en la región.
Venezuela sufrirá una caída del 8.4%, Brasil crecerá 1.4% en 2018 y 2.2% en 2019; Argentina caerá un 2.6% en 2018 y 1.6% en 2019. Paraguay experimentará el mayor crecimiento sudamericano en 2018 con 4.4% en 2018, lo siguen Bolivia y Chile. Fuera de Venezuela, Argentina es el único país de la región cuya economía caerá en 2018 y en 2019. Sin embargo el FMI justifica la pendiente porque “se necesita un ajuste fiscal inicial significativo para disminuir la carga de financiamiento y colocar a la deuda pública en una trayectoria descendente". La duda es política y radica en la capacidad del gobierno para aplicar exitosamente el ajuste y sobrevivir a la experiencia.
Algunos saben nadar donde no hay agua. Justamente gracias a la crisis el mercado argentino es el de más rápido crecimiento en el mundo para la empresa de transporte Uber. El deterioro laboral, la ausencia de regulaciones y los bajos precios hacen crecer este mercado alternativo de transporte de pasajeros.
Las amenazas del proteccio­nismo y la tensión fi­nanciera por el endurecimiento de las condiciones monetarias de Estados Unidos son factores de riesgo en un escenario de escalada en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, lo que ensom­brece las expectativas económicas de los países latinoamericanos y puede empujarlos a alineamientos desesperados. Conviven un orden político multipolar con un orden comercial bipolar, un proceso incipiente que está sucediendo ante nuestros ojos y se torna crecientemente violento.
Mientras tanto la tasa de desempleo en Estados Unidos cayó a su nivel más bajo en 49 años hasta un 3.7%, lo que convoca a una mejoría de las condiciones laborales. En agosto los salarios subieron un 2.9%, el nivel más alto en los últimos 9 años; en setiembre subieron un 2.8%. Sabiendo que la economía estadounidense debe absorber 120.000 empleos mensuales para sustentar el rit­mo de incorporación de la población al mercado laboral, el dato no es menor.
El Acuerdo México-Estados Uni­dos-Canadá (USMCA) es parte de la guerra comercial con China, transformada en el pivote de la política exterior americana. El USCMA podría ser un modelo de acuerdo mediante el cual la adminis­tración Trump incluye cláusulas especiales para presionar la apertura china, tal como afirmó el secretario de Comercio Wilbur Ross.
Estados Unidos está en las etapas iniciales de negociación con Japón y la Unión Europea para reducir aran­celes y barreras regulatorias, con las que busca reducir su déficit en el comercio de autos y otros bienes. Si la UE y Japón adhieren a dispo­siciones similares a la incluida en el USMCA, sería una señal de que es­tán alineados con Wash­ington en sus intentos de aumentar la presión sobre China, la segunda economía del mundo, para obligarlo a producir cambios en su política económica que desdibujen su perfil en la competencia comercial global.
Por su lado Brasil está recuperándose de una de las recesiones más severas de su historia. Siendo la primera economía de Latinoamé­rica y la octava potencia mundial cuenta con un gran caudal de recuperación, pero lo hará a costa de los ciudadanos brasileños y con un cierto grado de “desobediencia” hacia Estados Unidos, si la administración Trump insiste con la cláusula “USMCA”. Los lazos que vinculan a Brasil con China están cimentados en una larga relación de tres décadas y en acuerdos estratégicos formales muy ambiciosos (BRICs).
El resultado electoral que consagra una abultada victoria para Jair Bolsonaro en primera vuelta alegró mucho a los inversionistas de San Pablo y también a los inversionistas chilenos y españoles en Brasil. El partido de Bolsonaro pasó de 8 a 52 diputados en la Cámara baja (el PT queda con 56 diputados) y logró 4 escaños en el Senado.
Aunque el gobierno argentino sostiene un perfil geopolítico desajustado y cambiante, le interesa la consolidación de la institucionalidad brasileña y de su desarrollo económico; prefiere que cualquiera sea el gobierno nada cambie demasiado. Sin capacidad de velar por sí mismo el país está a merced de sus vecinos, los que no son tan ricos pero están comportándose como más poderosos. Eso supone tomar decisiones en su nombre y sin consultas, dejando a la Argentina en un eterna pelea contra molinos de viento.
Entre la guerra comercial, el endurecimiento monetario y las incertidumbres locales (p.e. Italia) se pueden detonar nuevos episodios de aversión al riesgo, como el sucedido con Turquía, incrementando los retos a mercados emergentes como Brasil y Argentina.

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