viernes, 4 de enero de 2019

DESBALANCES, ASIMETRIAS Y ESCALADAS EN EL NUEVO GOBIERNO


2019 desafiante
Juan Pablo Calderón Patiño

Procesos electorales, la crisis de seguridad y conflictos entre actores políticos dibujan un año complejo.

Millones sufragaron por un nuevo partido que aún no se materializa como tal, sino como lo que es, un movimiento variopinto con intereses contrapuestos identificados en sus bancadas legislativas. Morena recibió el voto antisistema ante las ofertas desgastadas y tradicionales del PRI, PAN y PRD. La democracia exige una oposición política real, dura en su crítica, pero con capacidad de construcción en el tejido social e institucional y reconstrucción en su músculo militante. Hoy ni el PAN ni el PRI asoman ambos talantes. El discurso de toma de posesión fue atrevido para que en la propia soberanía del Legislativo se les dijera que seguirán las consultas directas al pueblo, con independencia en su organización, metodología y resultado. Ahondar esa asimetría no contribuye a la normalidad democrática.
En el 2019 se elegirá al gobernador de Baja California y Puebla, las alcaldías en Aguascalientes y Durango, además de congresos locales en Quintana Roo y Tamaulipas. El primer estado en la alternancia política en 1989 avizora tejer una nueva alternancia. El senador con licencia y hoy flamante delegado especial del gobierno federal en la entidad fronteriza, Jaime Bonilla, puede ser candidato oficialista. Para el PAN, que podría sumar un descalabro histórico al ya rudo espiral de su crisis, es un reto la votación. 
La elección podría ser prueba de que los “superdelegados” o delegados de programas integrales de desarrollo son también hacedores de una nueva estructura clientelar. No es extraño que inicie en la Frontera Norte, espacio donde históricamente la izquierda ha sido marginal y que hoy los cambios fiscales buscan apuntalar a su electorado.
Pese al receso de elecciones federales en el 2019 y aun con recorte, el INE tendrá un presupuesto de casi el doble de los montos que el Presupuesto 2019 le otorga a la SER (más de 8.5 mil millones de pesos).
El desbalance entre una institución para arribar al poder y la Secretaría que se encarga del quehacer internacional del Estado mexicano, es otra asimetría inercial a una dependencia por años rezagada en recursos. No sorprende si en la toma de posesión la palabra “soberanía” sólo fue mencionada una vez. “Corrupción”, “neoliberalismo” y “energía” avasallaron en el primer discurso y en la bitácora de la supuesta derrota del modelo que llegó en 1982 al poder y pese a la crítica presidencial, no asoma una alternativa real.
Dos vertientes pueden redefinir el sexenio en el 2019, una escalada de conflicto entre el sector privado y el gobierno y, dos, la crisis de seguridad que en la militarización de la seguridad pública es una derrota para el mando civil. El empresariado no lo tiene todo y el oficialismo no lo puede todo, ni siquiera en la etapa del desarrollo estabilizador lo pudo. A nadie conviene un conflicto y menos en un contexto global de incertidumbre y de capitales que compiten con otros países emergentes y desarrollados. El drama de la inseguridad será aún mayor si se continúa la batalla con el Poder Judicial. Bajo la forma del decreto presidencial, pretender incentivar “indulgencias” para los que vulneran la legalidad será un pésimo antecedente.
Recuperar la vocación de servicio de la política transita por experiencia e ideas, no sólo en menores salarios. El propio López Obrador ha dicho que es imposible donar su salario porque es de lo que él vive. Sostener “premios de legitimidad” a los que donan sus recursos es pavimentar el camino a una plutocracia donde sólo los que tienen dinero pueden hacer política. Eso sería desvenar el principio de inclusión de la democracia. Los desafíos para el gobierno y la oposición avizoran retos que la propia historia se encargará de decir si fueron transformación o la maroma de girar para volver a caer en el mismo lugar.

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