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domingo, 23 de junio de 2019

CIBERGEOPOLÍTICA: UN NUEVO CAMPO DE ESTUDIO PARA COMPRENDER LOS ATAQUES A LA INFRAESTRUCTURA CRÍTICA


Cibergeopolítica: un análisis estratégico desde nuestra AméricaMiguel Angel Barrios

El pasado domingo 16 de junio pasado ocurrió, como es de público conocimiento, un apagón sin precedentes, que provocó cortes en la red eléctrica en Argentina (en todo el país excepto en Tierra del Fuego, que no está integrada al sistema de interconexión eléctrico nacional), Uruguay, Brasil, Chile y Paraguay. 
Más allá de que el Secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, descarta la hipótesis del ciberataque, no ha surgido ninguna explicación seria con posterioridad a lo sucedido.
La Administración Nacional de Electricidad de Paraguay dijo que la falla comenzó con un suceso aun inexplicable en la red eléctrica de Argentina. El corte puso en relieve la vulnerabilidad de las redes transfronterizas a averías locales y como sabemos interrumpió el suministro eléctrico a millones de personas en la segunda mayor economía de América del Sur. Debido a la naturaleza integrada de la red regional, los trastornos también afectaron a Brasil, Uruguay, Chile y Paraguay.
La agencia estadounidense Bloomberg no descarta que la verdadera causa de lo acontecido haya sido un ataque cibernético y al hecho gravísimo debemos enmarcarlo en las nuevas guerras que se van configurando en el sistema mundo.
Estados Unidos está intensificando las incursiones digitales en la red eléctrica de Rusia, en una estrategia de utilizar agresivamente las ciber herramientas y lo realiza bajo el argumento nunca demostrado del Departamento de Seguridad Nacional y del FBI de que Rusia ha insertado programas maliciosos que podrían sabotear las centrales eléctricas, los oleoductos y gasoductos o los suministros de agua de Estados Unidos en cualquier conflicto futuro con ese país. 
Es decir que estamos en un momento de una especie de “guerra fría digital” entre Washington y Moscú, las redes eléctricas y su hackeo parecen convertirse en un nuevo campo de batalla de la política internacional. En el lejano 2009 (lejano por la dinámica de la política mundial) advertíamos con anticipación en nuestro "Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica" que las nuevas guerras del futuro, que ya son hoy, eran dos: 
A- Las guerras por los recursos naturales
B- Las Guerras cibernéticas 
Ahora nos enteramos que Donald Trump acaba de aprobar ataques cibernéticos contra los sistemas de misiles de Irán mediante el Comando Cibernético de su país, según lo informan varios medios estadounidenses, entre ellos The Washington Post y The New York Times (http://actualidad.rt.com/actualidad/318857-reportar-trump-aprobar-ataque-cibernetico-iran).
Esto nos exige replantearnos desde la geopolítica en América del Sur las tradicionales dimensiones de la misma, de acuerdo a los desafíos de la cuarta revolución industrial en función de generar políticas estratégicas de fortalecimiento ante la vulnerabilidad en la que nos encontramos.
Podemos decir muy rápidamente que la geopolítica trata fundamentalmente del territorio y poder con una comprensión histórica. Y como la Geopolítica trata de la historia, debemos darle una secuencia en el análisis de los dominios geopolíticos de acuerdo a su aparición histórica:
- Tierra: es el espacio terrestre, el lugar primigenio donde la humanidad nace y se desarrolló. Los humanos somos seres terrestres, nacemos y vivimos en la tierra. En los entornos urbanos nacieron las unidades políticas territoriales alrededor de los cultivos y el pasto para el ganado que sostienen la vida humana. En la tierra también se explotan los recursos minerales y energéticos ysus recursos de agua dulce.
- Mar: el desarrollo y expansión de las comunidades humanas convirtió al espacio marítimo en un lugar de tránsito y de explotación pesquera. Pero también mediante flotas mercantes y de guerra se crearon y se expandieron los territorios europeos en todo el mundo desde el siglo XVI al XX, así como en la actualidad sigue sucediendo con el poder de los Estados Unidos. 
- Aire: continuando el desarrollo tecnológico llegó la navegación aérea y podemos afirmar que la tecnología aérea es un requisito obligatorio para hacer uso de este dominio. Actualmente es un requisito imprescindible para las Fuerzas Armadas de cualquier Estado y por supuesto para la aviación civil comercial, ya que constituye el medio de transporte más rápido del mundo capaz de realizar vuelos interoceánicos.
- Cosmos: como colofón al desarrollo tecnológico de la navegación aérea a mediados del siglo XX se abrió un nuevo dominio, el espacio ultraterrestre o cosmos. Si el espacio aéreo necesitaba obligatoriamente un importante desarrollo tecnológico, el cosmos representa un escalón superior. A pesar de que a excepción de los astronautas pocos humanos han estado en el cosmos, su gran impacto actual radica en los satélites que orbitan, lo que permite un modelo de comunicación y vigilancia nunca vista en la historia, como lo menciona Enrique Refoyo en su trabajo aún inédito "Cibergeopolitica, el quinto elemento del nuevo mundo". En síntesis, si no se comprende el tablero completo con todas sus condiciones, no se puede llegar a comprender la realidad.
En el sistema mundo del siglo XXI como ya lo sufrió la Argentina, y primeramente Venezuela en América del sur en la primera guerra híbrida de nuestro sub continente, el ciberespacio aparece como la quinta dimensión de la geopolítica, es decir surge como una nueva rama de la geopolítica, la cibergeopolítica.
El ciber espacio es un nuevo mundo donde la tecnología informática necesaria para conectarse a internet es cada vez más barata y accesible. En décadas pasadas el desarrollo tecnológico solo permitía la conexión mediante computadoras, pero el desarrollo actual permite conectarse a internet desde múltiples dispositivos informáticos como ordenadores portátiles, tabletas, telefonías móviles o los últimos electrodomésticos, (el internet de las cosas). La desaparición de las distancias en el ciberespacio crea un desvanecimiento de las fronteras y este nuevo mundo es plenamente humano, puesto que su existencia depende de la tecnología desarrollada por los propios humanos. Si se quita el factor humano o se elimina la tecnología que los sustenta el ciberespacio quedará destruido.
La cibergeopolítica es básicamente la geopolítica que tiene lugar en el ciberespacio donde las condiciones como hemos visto son muy distintas en relación con la geografía real. Aquí nada de lo conocido es igual, ni la distancia ni los tiempos ni la frontera ni la identidad, todo cambia. Si dos países o gobiernos son rivales o enemigos, se verá reflejado en el ciberespacio y se pueden dar choques tan serios en el ciberespacio como en el mundo real. 
Nace una nueva forma de dependencia, que es la dependencia cibernética en el caso de que nuestros países no desarrollen un proyecto estratégico de soberanía en el ciberespacio, lo que resulta imposible sin un Proyecto Nacional-Continental.
En la cibergeopolítica se podrá ver con mayor profundidad las posibilidades de acciones de inteligencia y sabotaje, campañas de información y desinformación. 
Un ciberataque se define como la intrusión en un sistema o dispositivo para destruirlo o manejarlo, un ataque a los servicios públicos o incluso a la seguridad de un país. Por ejemplo, si en un ciber ataque se ven comprometida la seguridad de la infraestructura crítica se puede ver afectada la red eléctrica, como ocurrió en la Argentina.
Podemos encontrar 5 motivos de un ataque por ahora:
1- Ciberespionaje: robo de información
2- Ciberdelito: beneficio económico
3- Ciberterrorismo: provocación de daños
4- Ciberactivismo: reivindicación social o política
5- Ciberdefensa: superioridad en el ciberespacio.
Debemos señalar que cuanta mayor ciberdependencia exista mayor efecto devastador puede tener un ataque contra un objetivo. En el caso de la Argentina la ausencia de una política de Defensa Nacional por la ausencia mayor de un proyecto nacional vuelve más que preocupante al tema, que en verdad por consenso nacional debe formar parte de la agenda estratégica del país.
En síntesis, en forma didáctica iremos armando un pequeño glosario estratégico para ir internalizando a la cibergeopolítica:
El CIBERESPACIO es un lugar creado a través de la interconexión de sistema de ordenadores mediante internet. Es un espacio global dentro del entorno del Sistema Mundo que consiste en una red interdependiente de infraestructura de información, incluyendo internet, redes de telecomunicaciones, sistemas informáticos, procesadores y controladores.
La CIBERSEGURIDAD es la protección de los activos de la información a través del tratamiento de las amenazas que ponen en riesgo la información. Es un conjunto de herramientas políticas, salvaguarda de seguridad, directrices y métodos de gestión de riesgos, acciones, formación, practicas idóneas, seguros y tecnologías, que pueden utilizarse para proteger los activos de un Estado u organización y los usuarios en el ciberentorno.
La CIBERDEFENSA es el conjunto de capacidades de defensa, explotación y ataque que permiten llevar a cabo operaciones en el ciberespacio con la finalidad de preservar o ganar la libertad de acción en el ciberespacio de interés militar, impedir o dificultar su uso por parte del adversario y contribuir a alcanzar la superioridad. 
Las CIBERAMENAZAS son todas aquellas disrupciones o manipulaciones maliciosas que afectan a elementos tecnológicos y abarcan un amplio abanico de acciones. Se caracterizan por su diversidad afectando casi la totalidad de los ámbitos de la Seguridad Nacional, como la Defensa Nacional, la Seguridad Económica o la Protección de las Infraestructuras Críticas y no distinguen fronteras. 
La CIBERCRIMINALIDAD es un conjunto de actividades ilícitas cometidas en el ciberespacio que tiene por objeto los elementos y sistemas informáticos u otros bienes jurídicos, siempre que en su planificación, desarrollo o ejecución resulte determinante la utilización de herramientas tecnológicas.
El CIBERESPIONAJE es un método relativamente económico, rápido y con menos riesgos que el espionaje tradicional dada la dificultad de la atribución de la autoría. 
Las tendencias que advertimos en la política mundial en los próximos años son:
- Aumentarán los ciberataques patrocinados por Estados
- Aumentará la cibercriminalidad
- El objetivo estratégico es dominar la nube
- Habrá ciberataques dirigidos a la infraestructura de un Estado u organización.
Por todo lo expuesto, consideramos que en Nuestra America, retomando la geopolítica siempre vigente del continentalismo, ya no se puede prescindir de incorporar a la cibergeopolítica como la dimensión tal vez más estratégica de la geopolítica. Lo ocurrido con la interrupción eléctrica en la Argentina y a nivel global con actores de poder mundial nos indican ese camino.

lunes, 17 de junio de 2019

¿GUERRA CONTRA EL NARCOTRAFICO O NARCOGUERRA?


AMLO Presidente: Narcotráfico, Guerra, Seguridad y Guardia Nacional (III)
Arsinoé Orihuela Ochoa

¿México está en guerra? Llama la atención que muchos connacionales, cuando son interpelados con esta pregunta, acostumbren responder que “no”. Esto significa admitir que el baño de sangre en nuestro país, las desapariciones forzadas (cerca de 40 mil) y las fosas clandestinas (alrededor de mil 300 documentadas) son apenas un conjunto de indicadores inconexos que configuran un mero problema de inseguridad. Y acaso allí radica la singularidad de México: se trata de una sociedad que aspira a resolver sus conflictos internos sin reconocer la raíz de sus conflictos internos. Lo que es peor aún, no pocos analistas arguyen que en México no hay guerra, bajo el insulso argumento de que no existen dos bandos reconocibles o identificables en disputa, y que ni siquiera está claro qué pudieran disputar. Bien. El problema en nuestro país es tan grave que la impotencia para explicar la realidad es el eje en torno al cual hilvanamos el diagnóstico de nuestra realidad. Tras haber expuesto los rasgos distintivos del narcotráfico, y a fin de anclar hondamente en el análisis que atañe al Plan Nacional de Paz y Seguridad y la Guardia Nacional del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en esta tercera entrega perfilo una aproximación sin ambages al tema de la guerra en México y expongo algunas pautas para abordar esta inexorable realidad nacional. Para efectos ilustrativos, dispuse desagregar en tres partes el análisis: uno, la caracterización de la guerra –qué tipo de escenario bélico transita el país–; dos, los efectos de la guerra –cómo impactó la declaratoria de guerra en las estructuras del narcotráfico, que es el presunto enemigo–; y tres, los actores o señores de la guerra –qué bandos guerrean entre sí–. (Glosa marginal: no puedo dejar de destacar la invaluable aportación del Dr. Norberto Emmerich a las consideraciones aquí vertidas). 
La narcoguerra. En diciembre de 2006, apenas unos días después de la toma de protesta oficial, el presidente Felipe Calderón Hinojosa decretó una guerra contra el narcotráfico. Los aspectos electorales, jurídicos e institucionales de este episodio han sido exhaustivamente examinados por académicos, comentócratas y periodistas. Y ciertamente, tales variables de análisis siguen siendo más o menos intrascendentes para la comprensión del acontecimiento. Lo políticamente relevante de la declaratoria de guerra contra el narcotráfico es la guerra en sí. Es importante aclarar que la administración de Calderón inauguró una época en la política nacional: a saber, la oligocracia bélica; es decir, oligarquías competitivas que disputan los recursos de poder por medio de la guerra, bajo un disfraz de normalidad democrática. El narcotráfico no es tan sólo una excusa para justificar un teatro de guerra: es la unidad política alrededor de la cual se organizan las oligarquías competitivas para disputar tales recursos de poder: instituciones, poblaciones, territorios, dineros etc. Por oposición a lo que aduce unívocamente la bibliografía sobre el tema, el narcotráfico no coopta, captura o corrompe al Estado, sino que es al revés: el Estado coopta al narcotráfico para corromperse. Corrompe con ello el llamado “pacto social”, neutraliza la contestación y altera las reglas de la política apoyado en el estribillo del “enemigo-común-narcotráfico”.
La guerra contra el narcotráfico no es una guerra contra el narcotráfico: es una disputa bélica entre las élites nacionales, en vinculación con los cárteles del narcotráfico, por el control de los recursos de poder y en contra del derecho a la vida y el patrimonio de la población. Por tal motivo, es más exacto llamarla narcoguerra.
Desde el punto de vista de las víctimas, la narcoguerra es una violencia de Estado: es decir, la incidencia sistemática de crímenes tales como la desaparición forzada, las ejecuciones sumarias extrajudiciales, la tortura a gran escala, el silenciamiento de opositores políticos, el exterminio de periodistas etc.
El anuncio del fin de la “guerra contra el narcotráfico” del Presidente AMLO, es un anuncio acerca del fin de la guerra como mecanismo de disputa del poder. Esta declaración oficial es significativa, no sólo por la intención que encierra de desactivar la violencia en el país, sino también porque le arranca al narcotráfico uno de sus principios nutricios: la guerra. “No obligues a tu enemigo a que luche por su vida”, sugirió Sun Tzu.
La politización-militarización del narcotráfico. Dentro de las unidades que disputan militarmente los recursos de poder, el eslabón más débil es el capo. Esto explica que la estrategia de seguridad de los gobiernos conservadores contemplara resueltamente la persecución de los capi di tutti capi. Los jefes de los cárteles han sido empujados a desempeñar el rol de CEO’s (gerentes ejecutivos) removibles o desechables. Las insubordinaciones o desafíos al Estado que algunos capos han protagonizado responden fundamentalmente a esta “vulnerabilidad” a la que fueron condenados en el organigrama de las estructuras de poder, y no a la presunta disposición “higiénica” del Estado de barrer con ellos. De hecho, la guerra fue un aliciente o revulsivo para los narcos: los involucró decididamente en la política nacional y propició la militarización de sus estructuras y rutinas. Tanto un efecto como el otro contribuyeron a multiplicar el poder y la presencia del narcotráfico en la vida pública de México. La guerra convirtió a los cárteles en controladores de territorios y poblaciones.
La cartelización de la política. Difiero con los analistas que sostienen que los cárteles no existen, o bien que éstos representan apenas un eslabón más en la cadena de poder estatal y/o delincuencial. Asistimos al fenómeno exactamente opuesto: la cartelización de la política y del crimen.
Respecto al crimen, cabe hacer notar que el narcotráfico es una modalidad de delincuencia de tipo comando: es decir, consigue reunir en su órbita a las Pymes del crimen común y a todos los otros ilegalismos diseminados. En cualquier centro urbano del país, los comerciantes de piratería, los deshuesaderos irregulares, las bandas de robo de vehículos, los asaltantes etc., pagan una cuota por concepto de “operatividad” al jefe narco de la plaza. El narcotráfico regula la totalidad de las actividades delictivas de una entidad.
En la política, el narcotráfico es un actor estratégico que controla recursos políticos tales como las instituciones de seguridad e impartición de justicia, algunas fracciones delejército nacional, el presupuesto público, ciertos factores de producción económica,el aprovisionamiento de armamento proveniente del extranjero (e.g. la operación “Rápido y Furioso”), la información asociada a los medios de comunicación, los cargos públicos asociados al gobierno, etc. En suma, el conjunto de recursos que dispone cualquier Estado para reforzar la capacidad de gobernabilidad. El cártel es un administrador de los intereses heterogéneos que se alojan en esta ensalada.
Tras el desmoronamiento del partido único-hegemónico y de sus ritos y fórmulas (e.g. el “dedazo” fallido de Luis Donaldo Colosio), la política autoritaria mutó hacia nuevas-viejas formas de organización. Acaso la criatura más conspicua de esa innoble metamorfosis es el cártel-camarilla.   
La guerra aceleró el tránsito concluyente de la camarilla –la otrora unidad básica de las redes políticas nacionales– al cártel. A ello se debe que la política de nuestro país se rija por las dinámicas del narcotráfico y que los cárteles del narcotráfico emulen el comportamiento del Estado nacional.
La guerra en México es una guerra entre los dueños de México.
Sin duda que un primer paso para la desactivación de la guerra,consistía en desterrar de las estructuras gubernativas a los señores de la guerra (i.e. los conservadores) y a sus barones aliados.
Si conquistamos tal primer objetivo aún está por verse.

lunes, 10 de junio de 2019

LA INTELIGENCIA Y LA GEOPOLITICA SON COMPLEMENTARIAS


Inteligencia geopolítica

Sin desconocer que no existe  una Geopolítica en general sino Geopolítica en particular, que se hallan en directa relación con la particularidad y singularidad de cada Estado, podemos afirmar que la acepción de la Geopolítica, como disciplina que vincula la influencia de los factores geográficos en la decisión política de los Estados, se vuelve hoy, acotada.
La Geopolítica es el pensamiento histórico en la dinámica de los Espacios, que nunca son neutros, y en la actualidad con la aceleración del proceso de mundialización, la globalidad ya no solo se limita al espacio exclusivamente de la tierra, sino afecta en el sistema mundo, al propio espacio exterior del planeta, sin obviar el espacio virtual generado por Internet.
En verdad, la Geopolítica implica un más allá del territorio únicamente, sino que sirve en la medida que proyecte a un Estado, en el desarrollo de la Región en la dinámica de la Mundialización, factor estructural del actual Sistema Mundo.
No se puede desvincular o desligar el desarrollo de un Estado del contexto regional, de los escenarios y tendencias del "orden mundial", es decir del triple interescenario nacional, regional y mundial.
Un pensamiento geopolítico se refleja en la planificación al mediano y largo plazo de los intereses de un Estado y su desarrollo integral. Geopolítica y desarrollo, son caras de una misma moneda. Y esto implica, que se trata de un nivel más hondo que la unidimensionalidad militarista, que muchas veces se asocia equivocadamente con la Geopolítica.
Desde este enfoque, la Conducción Política necesita como principal fuente de Materia Prima, a un Sistema de Inteligencia Nacional, como campo de análisis.
Toda Geopolítica de Estado posee entre sus fines : la inviolabilidad de su Territorio, la protección de la Vida y el Bienestar de la Población, la Preservación de la Cultura e Identidad, asi como garantizar su Soberanía. En el fondo, se trata de asegurar la Seguridad del Estado.
Una vez definida la Necesidad-que varía según cada Estado, por eso, existen geopolíticas en particular y no una "Ciencia Geopolítica" en general, surgen de ella los Intereses.
Pueden ser Intereses compartidos en Alianzas Regionales -UNASUR- y su Consejo Sudamericano de Defensa o compartidos en una Agenda más global -tráfico de personas, drogas, lavado de dinero o medio ambiente-.
Una buena Inteligencia debe apoyar a una sólida Geopolítica.
La Inteligencia contribuye a los fines geopolíticos en:
·       Determinación de Intereses
·       Concreción de Riesgos y Amenazas
·       Análisis de Escenarios
·       Monitoreo de las Tendencias globales
La Inteligencia Geopolítica es el ejercicio de interpretar hechos y circunstancias de la cooperación o rivalidades de actores y su inserción en las relaciones de Poder Global.
La Inteligencia Geopolítica es de matriz interdisciplinaria y multidisciplinaria, nada más erróneo que suponer que ésta debe ser capitalizada por los sectores Militares o de los tradicionales Servicios.
La Geopolítica ejerce una dirección precisa sobre la Inteligencia, pero una vez clarificado este punto, ella no debe interferir en el terreno de la Inteligencia. La Geopolítica se ocupa del mediano y largo plazo, desde una aproximación Geoestratégica, la Inteligencia, por el otro lado, del corto plazo, en la evolución de los datos, hechos y situaciones .Su valor se halla, en su capacidad de prospectiva.
Si la Geopolítica no direcciona a la Inteligencia, ésta se pierde en un camino sin rumbo y para fines no del todo claros. La Geopolítica direcciona a la Inteligencia. Una capacidad clave de la Inteligencia, pasa por la rapidez en procesar la Información.
Ahora bien, si la Conducción Política de un Estado carece de una Geopolítica, la Inteligencia puede servir para fines oscuros. La inteligencia como Servicio del Estado debe estar despolitizado en todo sentido y si su politización reside en alinearse con la Geopolítica del Estado.
La Geopolítica y la Inteligencia son complementarias. La Geopolítica precisa de la Inteligencia en todas sus fases del proceso analítico. Pero la Inteligencia siempre debe estar subordinada a la Geopolítica.

jueves, 6 de junio de 2019

LAS GUERRAS MODERNAS Y SU IMPACTO EN VENEZUELA


La evolución de la guerra y su actualidad

Las guerras son un acontecimiento sangriento y recurrente a lo largo de la historia, en todo el mundo han acontecido guerras desde muy antiguo. No obstante, la manera de hacer la guerra y sus objetivos han cambiado a lo largo del tiempo. Una de las clasificaciones bélicas más conocidas son las cuatro generaciones de la guerra moderna descritas por el paleo-conservador estadounidense William Lind y otros cuatro militares estadounidenses [1], en su artículo conjunto de 1989 titulado “The Changing Face of War: Into the Fourth Generation” [2] (El cambiante rostro de la guerra: Hacia la cuarta generación). Posteriormente William Lind publicó un artículo profundizando esta comprensión de las guerras, titulado “Understanding Fourth Generation War” [3] (Entendiendo la guerra de cuarta generación). Veamos de qué manera se comprendían esas cuatro generaciones de la guerra moderna.

Primera generación
Según Lind, esta generación abarca el periodo entre 1648 y 1860 y consiste en la guerra de líneas y columnas tácticas, con armas de fuego y ejércitos profesionales estatales. Además según Lind, se creó una cultura militar del orden, y aquí aparecen diversos elementos que distinguen a un militar de un civil, como los uniformes y gradaciones.

Segunda generación
Ésta generación se enmarca en la revolución industrial y la potencia de fuego. Lind la ejemplifica con el periodo de la primera guerra mundial (1914-1918), una guerra basada en la capacidad industrial y de transportes así como la creación masiva de trincheras para proteger a los soldados de la potencia de fuego. Así mismo Lind también señala que esta generación sigue manteniendo el orden, los procesos y procedimientos, donde la obediencia es más importante que la iniciativa. El objetivo principal de los combates sigue siendo el ejército enemigo. 

Tercera generación
Es una respuesta a la guerra de posiciones que se basa en la guerra de maniobra (mediante blindados y aviones), es decir en la guerra relámpago ejemplificada en el ejército alemán de la segunda guerra mundial. Según expone Lind, la tercera generación no está basada en la potencia de fuego y el desgaste sino en la velocidad, sorpresa y dislocación mental así como física. Además, busca rodear y colapsar en vez del contacto directo, por ejemplo mediante un ataque fulgurante contra las comunicaciones del enemigo para aislar sus fuerzas y bloquear una respuesta sostenida conjunta. En este sentido la superioridad tecnológica es crucial para el éxito. 

Cuarta generación
Ante la existencia de una gran superioridad tecnológica, la oposición armada solo puede descentralizarse y difuminarse (incluso ocultarse), según Lind. Además, los Estados pierden su monopolio sobre la guerra y las guerras no solo son entre Estados sino también contra actores no estatales, como grupos terroristas y guerrillas. En este nuevo contexto estratégico, la victoria no está en un campo de batalla porque tales acontecimientos ya no tienen lugar como en las tres primeras generaciones. Ahora la victoria se consigue al influir y convencer a la sociedad (opinión pública) de un país objetivo, es decir, el objetivo principal radica en ganarse el apoyo de personas y no en matar soldados enemigos. Y esta influencia se consigue mediante propaganda (por ambos lados) y por ataques terroristas en el caso de actores no estatales para infundir miedo en una sociedad objetivo y así condicionarla a las exigencias mediante el terror. 

Guerras híbridas y cuarta generación
En la actualidad hay un gran debate mundial sobre las guerras híbridas, es decir, aquellas guerras asimétricas que mezclan elementos regulares e irregulares cuyo objetivo principal no es el triunfo militar en batalla sino la influencia y convencimiento social en un país objetivo. El objetivo es conquistar la mente, y para ello se requiere conocer con precisión la sociedad objetivo y sus vulnerabilidades. 
Así pues, las nuevas maneras de hacer la guerra combinan elementos de revolución de color y de guerra no-convencional, esto es, del uso de intermediarios para realizar protestas sociales que influyan en un país objetivo o directamente el uso de intermediaros armados para que conduzcan a un escenario de guerra civil en un país objetivo. La estrategia de acción actual requiere, por tanto, la creación artificiosa de caos controlado en un país objetivo. 

Estados Unidos y Venezuela
Uno de los casos más representativos en el espacio suramericano actualmente es Venezuela, puesto que ahí se constata cómo desde los Estados Unidos han apoyado a la oposición anti-chavista en su escalada de protestas sociales y armadas para desestabilizar al país con vistas a derrocar al gobierno actual de Nicolás Maduro. 
En este escenario, una invasión militar convencional de los Estados Unidos para realizar un cambio de gobierno en Venezuela tendría un coste elevadísimo, no en un sentido militar puesto que Venezuela es inferior en todos los niveles militares tecnológicos e incluso numéricos, sino en un sentido de opinión pública, es decir, de influencia estadounidense en el mundo. Su credibilidad se vería aún más socavada y su economía se vería entrampada en una guerra costosa de la que salir victoriosos es la única manera de salvar la bandera, sin embargo, a la luz de lo sucedido en Afganistán e Irak desde 2001 y 2003 respectivamente, el ejército estadounidense no puede vencer a una fuerza asimétrica en campo de batalla, sino que únicamente puede vencer cuando pueda convencer. 
Así pues, realizar una invasión directa provocaría en todo el espacio latinoamericano una repulsa social contra un nuevo episodio que expone el retorno de la Doctrina Monroe a los pasillos de Washington. Y tal repulsa significaría un rechazo a dejarse convencer por las palabras estadounidenses. 
Por otro lado, podemos ver que en las operaciones estadounidenses no solo se encuentra un objetivo de cambio de régimen, similar a los muchos que realizaron durante todo el siglo XX en Nuestra América, sino también el objetivo es la creación de un caos regional, similar a los escenarios de Oriente Medio que provocaron la destrucción de Siria e Irak, así como Afganistán, y la huida de millones de personas que se transformaron en refugiados. El caso más representativo es Siria, con millones de refugiados repartidos en los países vecinos de Líbano, Turquía, y Jordania. 
Esto nos lleva a pensar que el gobierno de Washington no solo pretende tumbar el gobierno de Nicolás Maduro, sino asestar un golpe letal en Suramérica, y provocar otra de sus guerras sin fin, entre partidarios y detractores del gobierno (de nuevo, tal como en Siria), sino también, piensen el impacto de millones de refugiados venezolanos huyendo hacia Colombia y Brasil. 
Con lo cual, no asistimos a una simple lucha ideológica entre chavistas y liberales occidentales, sino también a una lucha geopolítica en la que Estados Unidos, en vista de su retroceso mundial, también quiere reordenar su espacio geopolítico inmediato bajo la nueva Doctrina Monroe y para eso necesita alinear a todos los países con Washington, y de no ser así, entonces sumir a Nuestra América en un caos sin fin de odios ideológicos externamente implantados.

Notas
[1] Coronel Keith Nightengale (USA), Capitán John F. Schmitt (USMC), Coronel Joseph W. Sutton (USA) y Teniente Coronel Gary I. Wilson (USMCR).


sábado, 8 de diciembre de 2018

¿LOPEZ OBRADOR ES UN LIBERAL REPUBLICANO?

AMLO Presidente: 10 tesis políticas y un colofón desesperado 
Arsinoé Orihuela Ochoa 
http://jornadaveracruz.com.mx/Post.aspx?id=181207_105703_617

Nadie, ni en México ni el extranjero, imaginó nunca una toma de posesión de tales dimensiones apoteósicas. Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente constitucional de México rindió protesta a dos tiempos, el republicano y el cósmico ancestral: en el palacio legislativo de San Lázaro y en la explanada de la Plaza de la Constitución o Zócalo capitalino. Concluyó la jornada envuelto en la banda presidencial rediseñada, y alzando el bastón de mando indígena. Las fuerzas de oposición, a la derecha y a la izquierda, agrupadas alrededor del “ciudadanismo” conservador, por un lado, y el indigenismo autonomista, por el otro, apuntalaron sus posiciones discordantes con el gobierno entrante y, con ello, contribuyeron a caracterizar al mandatario investido: AMLO es un liberal republicano. 
Desde Benito Juárez hasta López Obrador, el liberalismo mexicano irrumpió en la escena política nacional con altos contenidos de transgresión y fuertes rasgos de reaccionarismo. Allí radica la clave de sus éxitos efímeros, y acaso la causa de sus endémicos descalabros. No pretendo con tal caracterización instalar ninguno de los dos estados de ánimo prevalecientes: ni el derrotismo en sus variantes conservadora o autonomista, ni el triunfalismo liberal. Tan sólo abrazo una aspiración más modesta: alertar acerca de las contradicciones inherentes al gobierno constituido, y exhortar a una reflexión que advierta tempranamente el peligro de una restauración (ultra) conservadora. 
Resumo en 10 tesis políticas las introspecciones personales en torno a la presidencia de AMLO. 
1. Respecto al anunciado triunfo de AMLO, desde 2016 acá se dijo que había sólo tres escenarios posibles en la elección presidencial: (1) un triunfo apretado de AMLO; (2) un triunfo aplastante de AMLO; (3) un mega fraude electoral. Al final, AMLO ganó avasalladoramente. Con sólo cuatro años de vida, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) –un partido creado ex profeso para la elección de 2018– se convirtió en la primera fuerza política de México. La coalición “Juntos Haremos Historia”, encabezada por Morena, conquistó la mayoría parlamentaria en las dos cámaras. De las nueve gubernaturas en disputa, Morena ganó cinco: CDMX, Chiapas, Tabasco, Veracruz y Morelos. Adicionalmente, tras el recambio en algunos congresos locales, Morena dispondrá de un dominio aplanador en 19 de las 32 legislaturas estatales. En CDMX, 11 de 16 delegaciones se pintaron de guinda morenista. Y, para rematar, en los resultados presidenciales por estado, AMLO venció en 31 de las 32 entidades federativas. Tales resultados, por sí solos, son históricos e inéditos para una fuerza de oposición. 
2. Es la primera ocasión en México, desde Francisco I. Madero (1911), y el paréntesis de Lázaro Cárdenas (1934), que existe una correspondencia entre eso que la teoría política llama la “voluntad general” y los resultados oficiales de unos comicios. Luego de tres intentos por llegar a la presidencia de México, AMLO lo consiguió en 2018, y con el mayor respaldo popular que haya tenido un presidente desde el general Cárdenas. 
3. AMLO ganó la elección presidencial de 2018 con 30 millones de votos y el 53% del total de los sufragios. En las elecciones federales de 2006 obtuvo alrededor de 15 millones de votos. Y en 2012 cosechó exactamente la misma cifra. La sumatoria de las tres elecciones da como resultado 60 millones de sufragios. En un país mal habituado al abstencionismo, y cuyas elecciones se dirimen sistemáticamente por la vía del fraude, tal dígito desmonta la idea de que el triunfo arrasador de AMLO es consecuencia de un voto de castigo: es un voto convencido. 
4. Que no prevaleciera el fraude, que es el mecanismo dominante en México para la rotación de élites políticas, se explica básicamente por tres factores: (1) el ascenso al poder de Donald Trump, que dejó en la orfandad a las élites gobernantes –conservadoras-globalistas– en México; (2) la fractura-pulverización del PRIANARCO (Partido Revolucionario Institucional; Partido Acción Nacional; Narcotráfico), que en los últimos 30 años movilizaron conjuntamente el voto conservador, y que en esta ocasión no consiguieron impulsar una candidatura unificada; y (3) la insurrección electoral de la sociedad civil desorganizada, que desactivó el tristemente célebre algoritmo de 3% de margen de manipulación del Instituto Nacional Electoral (INE). 
5. Esta insurrección electoral tiene una genealogía singular: es una combinación del voto convencido y el voto desesperado. Este último, sintomático de un malestar profundo que se aloja en la sociedad mexicana, tiene básicamente dos fuentes: la corrupción y la inseguridad. Coincidentemente, el combate a la corrupción de los políticos y la agenda de la seguridad son las banderas que enarbolan las derechas ultraconservadoras en Sudamérica. Jair Messias Bolsonaro en Brasil y Mauricio Macri en Argentina, ascendieron al poder agitando tales consignas. La franja del voto desesperado es altamente volátil y promiscua. Si AMLO yerra, ese voto emigra a la extrema derecha. 
6. La disyuntiva que prefigura AMLO no es nacionalismo o neoliberalismo, ni autoritarismo o democracia, ni pasado o futuro, ni ninguna de esas perogrulladas ideológicas que repiten hasta el hastío personajes como Enrique Krauze o Héctor Aguilar Camín o Jorge Castañeda Gutman o el resto de los intelectuales fracasados y maiceados. El dilema que perfila AMLO es liberalismo o ultraconservadurismo. 
7. El programa político de AMLO es perfectamente leal con el liberalismo mexicano: en lo político, desmontar el poder de la oligarquía para establecer los poderes de la república y en lo económico, respetar las reglas del libre comercio. En suma, separar el poder político del poder económico. Es exactamente lo mismo que proponía Lula da Silva en Brasil cuando advertía que “los ricos no necesitan del Estado; los pobres sí”. ¡Es liberalismo! 
8. Que el liberalismo irrumpa como fuerza transgresora en México, responde al hecho de que los Estados latinoamericanos son esencial y radicalmente conservadores: desde sus orígenes, la formación de tales unidades estatales respondió puramente al imperativo de proteger los privilegios de las clases tradicionales e intereses coloniales. En México, la libertad de expresión todavía se paga con muerte. Nuestro país es el campeón mundial en materia de violación a los derechos humanos. 
9. Los años 1938, 1968, 1988 y 2018 registraron irrupciones de los invisibles: los obreros, los estudiantes, la oposición política, y las víctimas de la guerra, respectivamente. La autoorganización de las víctimas es el anticuerpo que necesita México. Ni perdón ni olvido. Y sí un “nunca más” a las guerras de los conservadores. 
10. AMLO corona 50 años de resistencia política y social (del 68 al 2018). Entiendo que pocos comparten esta lectura, y desde ya puedo escuchar las objeciones, pero es mi opinión que el neozapatismo representa la posibilidad de radicalización de tal victoria liberal-republicana, y no exactamente una fuerza adversarial. Adviértase que un eventual antagonismo abierto entre estas dos fuerzas contribuiría a la restauración conservadora. 
Colofón desesperado. Un fantasma recorre América: el fantasma del neofascismo (o ultraconservadurismo). Trump y su variante tropical Bolsonaro prometen diseminar su primitivismo y odio al resto de la región. No podemos omitir las lecciones del norte y Del sur: a una esperanza frustrada (Obama-Lula) le sigue la autoinmolación fascista (Trump-Bolsonaro). Advertencia: en México, el Bronco acecha (dixit Rafael de la Garza). 

miércoles, 24 de octubre de 2018

EL "PATIO TRASERO" GOLPEA LA MURALLA DEL IMPERIO


La caravana migrante en la filosofía de la historia
Norberto Emmerich
http://revoluciontrespuntocero.mx/la-caravana-migrante-en-la-filosofia-de-la-historia/ 

Arnold Toynbee, el notable historiador británico, reflexionó en su obra "Estudio de la historia" sobre los problemas centrales de la humanidad y adjudicó un rol central a dos procesos civilizatorios a los que denominó "la embriaguez de la victoria" y la "migración de pueblos", un doble mecanismo que lleva a la caída de los imperios y de las civilizaciones a partir del estudio del Imperio Romano.
Las civilizaciones atraviesan su mayor momento de peligro en el preciso instante en que experimentan su mejor posición, en el punto más alto de su desarrollo, cuando el mundo parece re-crearse a su imagen y semejanza. En ese momento los imperios se ven sin enemigos a su alrededor, exportan el "american way of life" y dominan sin oprimir. A partir de allí comienza su irrefrenable decadencia, crisis y desaparición, la victoria produce una embriaguez imposible de evadir, cuando los frutos del esfuerzo le son otorgados al vencedor, que se retira a disfrutar del ocio y la riqueza merecidos.
El aspecto característico en el proceso de desintegración de una civilización ocurre en el ámbito social y se manifiesta en una descomposición interna que tiene por protagonista a una minoría dominante creadora de un Estado universal legitimado casi siempre por la fuerza. Desde las primeras experiencias americanas en la guerra contra España por la independencia de Cuba en 1898 hasta el desarrollo obtenido tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, se fue cimentando y construyendo paulatinamente el poderío externo de Estados Unidos.
La acción combinada del proletariado interno (la América profunda) y del proletariado externo (las corrientes migratorias) amenaza desde adentro y desde fuera al Imperio, hasta que llega su extinción. El ciclo vital de una civilización concluye en el momento en el que empieza a nacer el que dará lugar a una nueva civilización. Este proceso genético, alumbrado por la irremediable decadencia de la minoría dominante desde adentro y las sucesivas oleadas migratorias (Volkerwanderungen) desde afuera, da paso a un “interregno”, un tiempo caótico previo a la posterior época estable de formación y desarrollo. Ese "interregno" parece ser la característica dominante del momento actual.
En el Imperio Romano el proletariado externo llegó como una inundación desde más allá de las fronteras de la antigua sociedad: germanos y eslavos de Europa Septentrional, sármatas y hunos de la estepa euroasiática, sarracenos de la península arábiga, bereberes del Atlas y del Sahara se fueron agolpando contra las murallas del Imperio triunfante. Ya no pretendían participar de los beneficios imitando la cultura del vencedor, estaban alistándose para un asalto final a la fortaleza debilitada. Durante largas décadas Estados Unidos fue, y en gran medida sigue siendo, un lugar de inmigración de ciudadanos de todos los países. Pero las oleadas migratorias hispanas, la mexicana en primer lugar, fueron perforando su identidad. Con mucha razón Samuel Huntington se preguntó ¿Quiénes somos?, luego de haber escrito El choque de las civilizaciones.
Cuando la civilización está en crecimiento, el territorio nativo donde se asienta su fuerza está resguardado del impacto de la barbarie externa por un amplio umbral o zona amortiguadora a través de la cual la civilización fluctúa en varias capas de distintos salvajismos. Desde el avanzado norte mexicano hasta la decadencia salvadoreña, la barbarie externa se despedaza en una innumerable cantidad de capas y variantes de pobreza, crimen y corrupción.
Pero cuando una civilización entra en colapso y las hostilidades entre el interior y el exterior van creciendo, esta zona amortiguadora desaparece. El umbral es sustituido por una frontera militar, una línea que no tiene ancho, un muro, una alambrada, una cerca. A lo largo de esa línea, una minoría dominante frustrada y un proletariado externo furioso se miran frente a frente bajo el ojo de las armas. Este frente militar ya no deja irradiar cultura ni imitación, sólo la técnica militar da las respuestas, un artículo de cambio social que trae guerra. Brillantemente Toynbee afirma que "este equilibrio temporal y precario de fuerzas, inevitablemente se inclina con el paso del tiempo, a favor de los bárbaros".
La carava migratoria centroamericana, sumando simpatías y apoyos a su paso, es el principal dilema global del momento. En medio del último tramo de la larga transición presidencial en México y la cercanía de las elecciones de medio término en Estados Unidos, los "bárbaros" están obligando a la militarización de la frontera americana y a respuestas tan improvisadas como encendidas del presidente Donald Trump.
La guerra comercial con China y la Unión Europea son pálidas escaramuzas frente al dilema civilizatorio que nuevamente se coloca a empujones en el centro de las preocupaciones estratégicas. Ahora no es Medio Oriente, es el "patio trasero" golpeando la puerta.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

LA DEBILIDAD INSTITUCIONAL, EL VERDADERO PROBLEMA DE SEGURIDAD EN AMERICA LATINA

Criminología, seguridad y políticas públicas en América Latina
Miguel Angel Barrios
https://www.geopolitica.ru/es/article/criminologia-seguridad-y-politicas-en-america-latina

El profesor doctor Miguel Ángel Barrios, vicepresidente académico del Centro de Estudios en Estrategia y Políticas Públicas, argentino, se encuentra dictando el Curso de "Criminología, Seguridad y Políticas Públicas en América del Sur" en la Universidad Federal de Uberlandia, Minas Gerais, en la República Federativa de Brasil.


La seguridad se halla al tope de la agenda en la tensa campaña presidencial que definirá el próximo presidente de Brasil el 7 de octubre. Con niveles de violencia con un registro de 64 mil asesinatos en 2017, el asunto se torna central en el debate electoral. 

Es una de las principales banderas, de Jair Bolsonaro (PSL) que propone revisar el Estatuto de Desarme y reducir la imputabilidad penal a partir de los 16 años. Desde un grupo de Diputados se afirma sobre la necesidad de aumentar la eficiencia y eficacia de la Inteligencia en las fuerzas de seguridad del país. El petista Fernando Haddad proyecta una actuación efectiva de la Policía Federal contra el crimen organizado. Ciro Gómez (PDT), defiende la implementación de una Escuela Nacional de Seguridad Pública. El tucano Gerardo Alckmin pretende que se cree una Guardia Nacional y Marina Silva (Rede) propone el aumento de efectivos militares en función de seguridad. (Folha de Sao Paulo. 25 de Setiembre de 2018. página 1). 
Para comprender este debate, nos parece necesario contextualizarlo desde una mirada latinoamericana. En América Latina vive el 8%de la población del mundo, pero concentra el 33 % de los homicidios del mundo. La tasa regional de asesinatos es de 21,5 % por cada 100 mil habitantes, más de tres veces el promedio global, que es del 7%. Por la combinación de su gran violencia y la cantidad de población, Brasil, Colombia, México y Venezuela concentran 1 de cada 4 homicidios globales, es decir la cuarta parte de todos los que suceden en el planeta. 
Estas cifras surgen del último informe del think tank sobre Latinoamérica Igarape Institute sobre la seguridad ciudadana https://igarape.org. Según datos de 2016 de Igarape Institute, 43 de las 50 ciudades con mayor tasa de homicidios en el mundo están situados en América Latina. Por países, los datos son igualmente negativos para la región, 17 de los 20 países con mayor tasa de asesinatos en todo el mundo son latinoamericanos. Otro dato preocupante: Entre 2000 y 2016, más de 2,5 millones de latinoamericanos han muerto de forma violenta, la mayoría de ellos por homicidios intencionales, según el citado reporte. 
El think thank llama además la atención sobre la edad de los asesinados: la mitad de ellos tienen entre 15 y 19 años. Y además las encuestas de victimización indican que la violencia contra las mujeres y los niños es generalizado. En este plano, es tan llamativo, que en las encuestas surge que los ciudadanos consideran más dañina a la violencia hacia la mujer y los niños que a las menciones a la violencia callejera, el crimen organizado y la violencia de las pandillas. 
En pocas palabras, hay que urgente generar políticas proactivas para fortalecer la seguridad ciudadana en toda la región y establecer prioridades, así como en invertir en medidas de prevención no policial, enfatizar en dar oportunidades laborales a grupos de riesgo, reforzar la cohesión social e invertir en tecnologías de seguridad pública pero que sean evaluadas-y no se conviertan en un negocio- para medir su rendimiento. 
En el rubro secuestro, México contabiliza más de 10.000 secuestros por día en menos de seis años: seis rapto por día. En este escenario, ya metiéndonos de lleno en Brasil, podemos afirmar que la tasa de homicidios cruzó por primera vez en su historia la barrera de 30 homicidios cada 100 mil habitantes y en la última década se calcula que han muerto 553.000 personas por violencia intencional. El número de asesinatos es un 26 % superior al registrado en la década anterior, lo que convierten a Brasil en uno de los países más peligrosos del mundo, según el Informe del Fórum Brasileiro de Seguranza Pública en su Atlas de la Violencia 2.018 Fórum Brasileiro de Segurança Pública 
Solo en 2016 hubo 62.517 muertes violentas, en su mayoría jóvenes negros de entre 15 y 29 años en situación de pobreza, grupo que experimentó una escalofriante tasa de homicidios de 281 cada 100 mil habitantes. La tasa nacional, un promedio de todo el país, casi 30 veces más que el promedio de Europa y muy por encima de sus vecinos, especialmente en Paraguay (9,29%), Argentina (6,53%) y Uruguay (8 %) según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito https://www.unov.org/unov/es/unodc.html 
El Estado más peligroso de Brasil parece ser Servir, en el nordeste, donde se registró una tasa de 64,7% cada 100.000 habitantes, seguido por Alagoas con 54,2% y Río Grande do Norte con 14,2% y Minas Gerais, con 22%, ambos en el sureste. 
Por lo que podemos ver, la criminalidad y el narcotráfico se ha convertido en un riesgo en nuestra región y no podemos evadirnos o negar la situación. Abordarla urgente, desde nuestros diagnósticos y capacidades constituyen la mejor respuesta ante el intento de la República Imperial de imponer su agenda bajo la híbrida categoría de "nuevas amenazas" en una reactualización militar de la doctrina Monroe de militarización de América del Sur y de policialización de las FFAA. Ello lo desarrollamos estratégicamente en nuestro libro "Geopolítica de la Seguridad en América Latina". (Barrios, Miguel Ángel-Coordinador-, Emmerich, Norberto; Torres, Yesenia. Geopolítica de la Seguridad en América Latina. Ed. Biblos. Bs. As. 2017). 
Nunca como ahora tuvimos la posibilidad de que nazcan Estados criminales en América Latina. Regiones de América Central y Méjico son casos a observar. Hemos sostenido en "Geopolítica de la Seguridad de América Latina" que el narcotráfico y el crimen organizado poseen los mismos atributos que un Estado: territorialidad, regulación de "leyes”, la fuerza y sustentabilidad. Y por lo tanto no es un actor económico sustentado en redes criminale, sino un sujeto político económico cuyo potencial consiste en fragmentar el territorio. El Estado criminal es imposible sin connivencia en sectores de la política, de la justicia, de la policía y del "empresariado”. Por lo tanto, no es consecuencia de una amenaza externa sino de debilidades institucionales y de la ausencia de políticas claras integrales y de una corrupción sin patria.
Consideramos fundamental en una política de seguridad ciudadana, un abordaje institucional integral desde la capacitación de las fuerzas policiales en policiamiento preventivo acompañado multiagencialmente por el Estado, creación de unidades de investigación de delitos complejos, prevención local comunitaria no policial, creación de un servicio civil de inteligencia financiera. Pero nada servirá sin una ley clara sobre el financiamiento de la política, otra sobre la regulación de la obra pública para evitar la cartelización, controlar casinos y juegos de azar y penalizar el cohecho activo-activo a la persona jurídica y a la persona empresarial. 
Por supuesto decirlo es fácil, pero en esta tarea se juega nuestro destino y el gran dilema de Perón: "Unidos o Dominados", hoy es "Estado Continental o Narcodemocracias". 

martes, 25 de septiembre de 2018

GOBERNAR ES MUCHO MAS QUE ADMINISTRAR

Estadista, redentor o manager
Juan Pablo Calderón Patiño

Una cena oficial en Bruselas salió del protocolo y vino una sobremesa donde “diversas verdades emergieron”. Uno de los anfitriones europeos con plena vocación por el europeísmo en el intento más profundo de integración del orbe, la Unión Europea, dijo preocupado: “si la guerra había sido el argumento para la integración por la paz, la circunstancia histórica para la unidad la hicieron los estadistas europeos que supieron entender esa rendija que da la historia”.  Uno de los comensales sacudió la conversación y el silencio se hizo cuando sentenció: “la crisis de la política es tan grave que ha minado la capacidad de volver a tener estadistas, a lo mucho administradores y en el peor de los casos managers de la tecnocracia que buscan controlar variables de momento ahogando labrar el curso de otra historia”.
Rodrigo Borja, ha señalado que el estadista entiende muy bien que gobernar, administrar y agitar o ganar elecciones son cosas distintas. El día a día, le corresponde al administrador, la ruta histórica al estadista. El planteamiento es similar al que escribió Richard Nixon en su libro “Líderes” en el que criticaba la visión de que Estados Unidos necesita un gran hombre de negocios para conducirlo. Nixon, que por su osadía en el Watergate perdió el lugar de ser uno de los últimos estadistas de la Unión Americana en la postguerra,  establecía que el administrador representa un proceso, el líder, le toca trazar una dirección en la historia. La victoria de Donald Trump, la de un empresario consentido sin sentido mínimo de Estado,  rompió la era de los políticos profesionales y abrió un paradigma en el sistema político creador del presidencialismo con contrapesos. En México, el “gabinete de empresarios” que presumió Vicente Fox, formado en la Coca-Cola,  dio al traste al “bono democrático”. El empresario devenido en político pragmático, fue un fiasco. Intento ser un gerente.
El estadista no está solitario ni es el redentor  cercano más al pontificado que a la acción. Si la acción política por naturaleza es comunitaria  evitando personalismos quijotescos que antes de nacer ya están muertos, los partidos políticos son el cauce y el semillero de la formación de lo que debería ser sentido de Estado;  visión estratégica, prevención en seguridad nacional, garantía de autonomía de la vida institucional y que el gobierno como brazo político del Estado garantice el desahogo puntual de las demandas públicas en políticas públicas.  Los partidos políticos, aún vilipendiados, serán necesarios para que la democracia retome las bandas paralelas de elección, participación e inclusión. Una “aristocracia tecnológica” que capture los riesgos de ingobernabilidad en su control no ayudará a afianzar la democracia.  Confundir movimientos sociales con un partido unipersonal del que se considera el líder el único capaz de ser un estadista por designio histórico, será uno de los espejismos del desánimo de la ciudadanía, pero más de sus simpatizantes. Pretender “democratizar” a la mayoría en la identificación de que el nuevo ágora es la generalidad del pueblo y que a todo se le debe dar su último veredicto, incluso en temas técnicos, será caer en la sentencia de Norberto Bobbio, que advertía que “nada es más peligroso para la democracia que el exceso de democracia”.
Un mundo demasiado chico y con un entramado comercial de reglas y normas, el poder supranacional de un ramillete de organismos, una ciudadanía global activa y que en tiempo real condena y propone soluciones, no han creado la “saturación de la política”. La internacionalización de la vida interior y la interdependencia, que menciona Gino Germani, han hecho naufragar diversos experimentos no de estadistas que podría ser mucho pedir, sino de clases dirigentes que rebasen ser  élites formadas para defender a ultranza determinada ortodoxia o interés supranacional. En esa rendija, la victoria ha sido de la democracia por procedimientos, pero sin esencia, porque en ella se drena la capacidad de que los estadistas regresen sólo con reforzados engranes entre la movilidad social y las instituciones de un Estado en transformación, no de redentores en el desierto del ayer o managers que pretenden conquistar la vida pública con el manual de la empresa privada.