martes, 24 de enero de 2012

EL EMBARGO PETROLERO A IRAN

La Unión Europea impone un embargo de petróleo a Irán
Por Peter Symonds
24 de enero 2012

Los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE), reunidos en Bruselas impusieron sanciones económicas de largo alcance a Irán, incluyendo un embargo sobre las importaciones de petróleo, medida que entrará en vigencia en julio. El embargo es un acto de guerra económica que aumenta el peligro de hostilidades militares en el Golfo Pérsico.
Las sanciones de la UE son amplias, alcanzando todos los aspectos de la industria petrolera de Irán. Los 27 países miembros detendrán inmediatamente la firma de cualquier nuevo contrato de petróleo con Irán y finalizarán los existentes el 1° de julio. La prohibición abarcará las importaciones de petróleo crudo, productos petrolíferos y petroquímicos, y se extenderá a la exportación de equipo y tecnología y las nuevas inversiones para el sector energético de Irán.
La UE también ha decidido la congelación la mayor parte de los activos del Banco Central de Irán en Europa. Hay algunas excepciones para permitir que lo que se considera comercio legítimo. La legislación europea complementa las medidas firmadas por el presidente Barack Obama el 31 de diciembre que preveían sanciones contra cualquier empresa, incluidas las empresas extranjeras, que mantuvieran relaciones comerciales con el Banco Central de Irán. Las medidas de EE.UU. tratan de bloquear todas las ventas de petróleo iraní a nivel internacional, paralizando la economía del país.
El año pasado, la Unión Europea compró casi una cuarta parte del petróleo exportado por Irán. Varios países del sur de Europa -Grecia en particular- han sido muy dependientes de las importaciones de petróleo de Irán y resistentes a la imposición de un embargo total. Ellos han sido puestos en línea con la vaga promesa de una revisión el 1° de mayo y que ningún impacto económico negativo derivaría de las sanciones.
Si se implementa, el embargo tendrá un grave impacto en la economía iraní, que se basa sustancialmente en las exportaciones de petróleo. La moneda de Irán ha disminuido un 14% su valor frente al dólar desde el viernes, a lo que debe agregarse los altos niveles de inflación en el interior del país.
El canciller francés, Alain Juppé declaró: "para evitar cualquier solución militar, que podría tener consecuencias irreparables, hemos decidido ir más lejos por el camino de las sanciones". Hizo un llamamiento a Teherán a "aceptar el diálogo que proponemos". El cinismo de estas observaciones se destaca por los comentarios del presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien advirtió el pasado viernes que "el tiempo se acaba" para evitar una confrontación militar.
Tanto EE.UU. como Israel han manifestado en repetidas veces su disposición a atacar unilateralmente a Irán sobre la base de afirmaciones sin fundamento de que trata de adquirir armas nucleares. El régimen iraní ha insistido en que no tiene planes de construir una bomba atómica. El vocero de la cancillería iraní, Ramin Mehmanparast, calificó la sanción de la UE como "injusta" y "condenada al fracaso."
La UE ha ofrecido charlas, pero éstas tienen el carácter de un ultimátum. La jefa de política exterior estadounidense, Catherine Ashton, declaró que Irán tenía que "recoger todas las ideas que dejamos sobre la mesa" después de las conversaciones anteriores, o "pasar al frente con sus propias ideas". En otras palabras, Irán tiene que hacer concesiones sustanciales antes de que las negociaciones incluso puedan comenzar.
Por otra parte, el régimen iraní ha sido testigo de la duplicidad de EE.UU. y Europa en Libia, un fuerte elemento de disuasión para hacer ningún tipo de compromiso. Washington llegó a un acercamiento con el líder libio Muammar Gaddafi en 2003, sólo para poner en marcha una guerra de la OTAN en 2011 para derrocar al régimen. Ninguna garantía de que los EE.UU. y sus aliados europeos ofrezcan a Teherán en las conversaciones tiene ningún valor.
Como parte de sus esfuerzos por satanizar a Irán, los medios de EE.UU. han puesto de relieve los comentarios del diputado Mohammad Kossari quien advirtió que Irán cerrará el Estrecho de Ormuz "si ocurre cualquier alteración en relación con la venta de petróleo iraní". EE.UU. ha declarado que cualquier intento de bloquear la vía fluvial estratégica a través de la cual pasa una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo, sería una "línea roja" que llevaría a conflictos militares.
El Pentágono ha duplicado la presencia de sus grupos de batalla de portaaviones cerca del Golfo Pérsico. El domingo, el día antes de la reunión de la UE, el portaaviones USS Abraham Lincoln, escoltado por buques de guerra británicos y franceses, pasó por el Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico. Pese a las afirmaciones de que se trataba de un "tránsito de rutina", la maniobra fue programada, obviamente, para amenazar a Irán.
EE.UU. está intensificando la presión sobre Teherán en todos los frentes. El lunes, el gobierno de Obama anunció nuevas sanciones contra el tercer mayor banco iraní, el Banco Tejarat, cerrando uno de los pocos enlaces que quedan en el país con el sistema financiero internacional.
Altos funcionarios de EE.UU. han estado involucrados en una campaña mundial destinada a presionar a los gobiernos, bancos y corporaciones para desalentar las nuevas compras de petróleo y romper los lazos económicos con Irán. A principios de este mes, el secretario del Tesoro Tim Geithner viajó a Japón y China para advertir a los dos países que se enfrentaban a penas si las compras de petróleo no se reducían. Para enfatizar el punto, la Casa Blanca impuso sanciones a una empresa de comercio de petróleo de China, Zhuhai Zhenrong, por hacer negocios con Irán.
China y Rusia se opusieron a las sanciones unilaterales impuestas por los EE.UU. y la UE e insistieron en su derecho a seguir haciendo negocios con Irán. Beijing declaró que la pena de EE.UU. contra Zhuhai Zhenrong no era "razonable" y no estaba de acuerdo con las resoluciones del Consejo sobre el programa nuclear de Irán. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia emitió un comunicado expresando su "pesar y alarma" sobre las sanciones de la UE y las calificó como "un intento de estrangular a un sector de la economía iraní".
Utilizando los programas nucleares de Irán como pretexto, EE.UU. está intensificando su enfrentamiento con Irán. Como en el caso de las ocupaciones estadounidenses de Irak y Afganistán, Washington está tratando de reforzar su dominio en las regiones ricas en energía de Oriente Medio y Asia Central a expensas de sus rivales europeos y asiáticos. El peligro es que las acciones irresponsables del gobierno de Obama contra Irán provocarán una guerra que amenaza con hundir la región y propagarse a otros países.

lunes, 23 de enero de 2012

EL AJUSTE EUROPEO EN UN AÑO DIFÍCIL

A la Unión Europea le quedan escasas alternativas
http://sp.rian.ru/opinion_analysis/20120111/152424943.html

La Europa comunitaria se tendrá que enfrentar a lo largo del año a profundos cambios y con toda seguridad acabará siendo apenas reconocible.
A la Unión Europea, que está atravesando la crisis de la moneda única y de la deuda pública de los países del sur de la UE, no le quedan más que dos opciones y ambas tienen que ver con el bisturí: cirugía financiera y constitucional en el ámbito general o en el local, dirigida a sanear el euro y a erradicar la creciente deuda.

“Plan fiscal conjunto” para quienes lo deseen
La UE parece haber elegido el segundo camino, aunque el itinerario podría sufrir ciertas variaciones: desde los primeros días del año los expertos en derecho de la Comisión Europea y de los gobiernos nacionales de los países miembros empezaron a trabajar en la redacción del acuerdo, bautizado por la prensa europea como ‘Plan fiscal conjunto’. Su firma se acordó en la cumbre de la UE celebrada en Bruselas a mediados de pasado diciembre.
No en vano tiene contratada la UE un equipo de juristas tan grande y experimentado, conocedor del arte del giro terminológico. Tras el nombre del ‘Plan fiscal conjunto’ o intergubernamental se esconden las enmiendas a la Constitución Europea; es decir, al Tratado de Lisboa de 2007 que definía las enmiendas al Tratado de la Unión Europea y al Tratado constitutivo de la Comunidad Europea. Éstas serán reunidas en un documento aparte y los miembros de la UE serán libres de aprobarlo o no.
El documento introducirá una disciplina financiera férrea junto con un estricto control de gastos y fijará legalmente las obligaciones de evitar el déficit presupuestario. Se ampliará la coordinación de las políticas económica y financiera de los países comunitarios y las funciones gestoras de la Comisión Europea, el Gobierno de la UE. Corren los rumores de que el actual presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, quedó muy contento al respecto, dado que al organismo por él encabezado se le otorgaba el papel de gobierno encargado de asuntos económicos.
El Reino Unido, que desde siempre se ha mostrado algo contenido respecto a todas las iniciativas provenientes de la UE, se ha negado a apoyar lo que le parece, en el fondo, un conjunto de enmiendas a la Constitución Europea. En un principio Londres estaba dispuesta a aceptar el proyecto, pero exigía condiciones preferentes y excepciones que le concederían el derecho a voto sin conllevar ningún lastre financiero ni presupuestario.
En realidad, el Reino Unido nunca se ha terminado de integrar en las estructuras comunitarias desde su adhesión en 1973 al Mercado Común Europeo. El país no se unió ni a la eurozona ni a la zona Schengen, a la que apoya sólo jurídicamente y participando en su sistema de información. Todavía no ha habido precedentes de que los británicos tomaran decisiones sobre el funcionamiento de la UE y sobre las enmiendas a sus tratados fundacionales.
Se podría decir que la Unión Europea se está convirtiendo en la Unión de los 26 más uno, volviendo a ocupar el Reino Unido un lugar especial. Y no solo eso: la iniciativa de la introducción de la disciplina fiscal formulada por Alemania y Francia la apoyaron en su totalidad únicamente 23 miembros comunitarios, entre ellos los principales “infractores de la disciplina financiera”; es decir, Grecia, Portugal, España e Irlanda. En Irlanda posiblemente se celebrará un referéndum sobre este asunto, y estas consultas en irlandesas son capaces de echar por tierra cualquier proyecto. Sólo se ratificó el Tratado de Lisboa en 2009, después del segundo plebiscito.
Suecia ha manifestado necesitar tiempo para reflexionar y estudiar los detalles del documento. Eslovaquia, Suecia y Hungría han hecho unas declaraciones parecidas.

Una Europa a dos velocidades, pero sin Sarkozy
De modo que todo parece indicar que Europa no llegará a finales del año en su composición actual. La Unión podría despedirse de quienes no estén de acuerdo con la forzosa cirugía financiera. Y algunos de los autores de la nueva disciplina económica podrían perderse los resultados de su iniciativa.
Precisamente el actual presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y la canciller de Alemania, Angela Merkel, hace casi tres años empezaron a insinuar que habría que convertir la UE en una Unión “a dos velocidades”. Los países capaces de mantener la disciplina financiera y desarrollarse, acabarían adelantados al resto y el ejercicio del plan intergubernamental persigue este objetivo en concreto. Sin embargo, en primavera en Francia habrá elecciones presidenciales. Sarkozy ni siquiera ha anunciado su participación, prometiendo hacerlo en febrero, un mes antes de los comicios, práctica habitual para el país. Existen serias dudas de que esté dispuesto a abandonar el Palacio del Elíseo.
De acuerdo con los últimos sondeos de la opinión pública, el principal adversario de Sarkozy, el exlíder del Partido Socialista, Francois Hollande, le supera con una ventaja de entre 4 y un 10% de votos. La tercera candidata a la presidencia, Marine Le Pen, según revelan las encuestas, podría reunir entre un 14 y un 19% de los votos emitidos.
Sarkozy espera que a su favor juegue la reforma electoral, llevada a cabo en los años de su gobierno: en 2012 entra en vigor la Ley aprobada en 2009 que permite a los franceses residentes en el extranjero elegir diputados propios para la Asamblea Nacional. Anteriormente sólo podían votar en las elecciones parlamentarias por candidatos de distritos franceses. Ahora en Francia existe un diputado por Estados Unidos, por poner un ejemplo. Hace un año se creía que el mandato se concedería a la actual directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde. Habrá también un diputado por África del Norte, por Europa del Norte (Reino Unido, Irlanda, países escandinavos y países bálticos) y por la Europa hispanoparlante. En total aparecen once escaños por distritos electorales de ultramar.
La experiencia demuestran que la mayoría de los franceses que votan en el extranjero es propensa a apoyar los partidos de centro derecha, concretamente la Unión por un Movimiento Popular liderada por Nicolas Sarkozy. El hecho de conceder Sarkozy diputados propios a los votantes esparcidos por el mundo será, sin lugar a dudas, de su agrado. Y son 2,5 millones de personas, ni más ni menos.
En cualquier caso, a Francia la esperan dos vueltas de elecciones presidenciales y no queda nada claro el nombre del futuro ganador. Sería una pena si tras el apuesto primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, se marchara el hiperactivo Nicolas Sarkozy. El aburrimiento llegaría a Europa, a la nueva Europa.

viernes, 20 de enero de 2012

LA GUERRA CONTRA IRÁN SE RESUELVE EN SIRIA

Irán, Estados Unidos y la crisis del Estrecho de Ormuz
17 de enero 2012 | 1222 GMT
Por George Friedman

Estados Unidos habría enviado la semana pasada una carta de advertencia a Irán a través de múltiples intermediarios indicando que cualquier intento de cerrar el Estrecho de Ormuz constituiría una línea roja para Washington. La misma semana, un químico asociado con el programa nuclear iraní fue asesinado en Teherán. En Ankara, el portavoz parlamentario iraní, Ali Larijani, se reunió con funcionarios turcos y ha estado dando indicios de flexibilidad en las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán.
Esta semana, está teniendo lugar en Oriente Medio una rotación de rutina de los portaaviones norteamericanos, con la posibilidad de que tres grupos de ataque con portaaviones se estacionen en la zona de operaciones de la Quinta Flota y un cuarto grupo de portaaviones de ataque con sede en Japón a una semana de tránsito hacia la región. La próxima semana, el general Michael Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto, viajará a Israel para reunirse con altos funcionarios israelíes. E Irán está programando otra serie de juegos de guerra en el Golfo Pérsico en febrero, centrado en la táctica irregular de la Guardia Revolucionaria Islámica del Cuerpo para cerrar el Estrecho de Ormuz.
Mientras que las tensiones están aumentando en el Golfo Pérsico, la crisis financiera en Europa continúa, con el último golpe en las rebajas de la calificación crediticia de Francia. Mientras tanto, China continúa su lucha para sostener las exportaciones entre sus principales clientes frente a la debilidad de la economía, mientras que la inflación sigue aumentando el costo de sus exportaciones.
Las variaciones fundamentales en cómo trabajan Europa y China y sus consecuencias a largo plazo representan grandes cambios sistémicos en el sistema internacional. En el futuro más inmediato, sin embargo, la dinámica entre Estados Unidos e Irán acarrea el potencial de consecuencias más graves en todo el mundo.

La dinámica de Estados Unidos e Irán
Las crecientes tensiones en la región no son inesperadas. Como se sabe desde algún tiempo, la invasión de Estados Unidos a Irak y la posterior decisión de retirarse crearon un masivo vacío de poder en Irak, algo que Irán necesitaba -y pudo- llenar. Irán e Irak se enfrentaron en una guerra brutal en la década de 1980 que causó cerca de 1 millón de víctimas iraníes y uno de los fundamentales intereses nacionales de Irán es asegurar que ningún régimen iraquí vuelva a surgir con capacidad de amenazar la seguridad nacional iraní. La invasión de Estados Unidos y la retirada de Irak proporcionó a Irán la oportunidad de asegurar su frontera occidental, algo que no debía haber pasado.
Si Irán llega a tener una influencia dominante en Irak -lo que significa que Irán convierta a Irak en un satélite- varias cosas vendrán a continuación. Lo más importante es que la situación de la Península Arábiga quedará sujeta a cambios. En el papel, Irán tiene mayor cantidad de fuerza militar convencional que cualquier otra nación del Golfo Pérsico. En ausencia de agentes externos, el poder sobre el papel no es insignificante. Aunque es tecnológicamente sofisticada, la fuerza militar de las naciones de la Península Arábiga en el papel es mucho más pequeña y estos países carecen del compromiso ideológico de los recursos humanos de las fuerzas armadas iraníes.
Sin embargo, el poder militar directo de Irán es más que nada el telón de fondo del principal motor del poder iraní. Es la fuerza de sus capacidades e influencias secretas de Teherán lo que hace poderoso a Irán. La capacidad de inteligencia encubierta de Irán es bastante buena. Se ha dedicado décadas a la construcción de alianzas políticas a través de una serie de medios, y no sólo mediante métodos infames. Los iraníes han trabajado entre los chiítas, pero no tan exclusivamente. Han construido una red de influencia entre una amplia gama de clases y grupos religiosos y étnicos. Y sistemáticamente han construido alianzas y relaciones con figuras significativas para contrarrestar el poder manifiesto de Estados Unidos. Con el poder militar norteamericano saliendo de Irak, las relaciones de Irán se han transformado en aún más valiosas.
La retirada de las fuerzas norteamericanas ha tenido un profundo impacto psicológico en las élites políticas del Golfo Pérsico. Desde el declive del poder británico tras la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos ha sido el garante de las élites de la Península Arábiga y por lo tanto del flujo de petróleo de la región. El fundamento de esa garantía ha sido el poder militar, como se ve en la respuesta a la invasión iraquí a Kuwait en 1990. Los Estados Unidos todavía tiene un poder militar sustancial en el Golfo Pérsico y sus fuerzas aéreas y navales probablemente podrían hacer frente a cualquier provocación manifiesta por parte de Irán.
Pero no es así como funcionan los iraníes. A pesar de su retórica, son cautelosos en sus políticas, lo cual no quiere decir que sean pasivos. Simplemente significa que evitan movimientos de alto riesgo. Ellos confían en sus capacidades secretas y en las relaciones. Esas relaciones ya existentes en un entorno en el que muchos líderes árabes razonables ven un cambio en el equilibrio de poder, con Estados Unidos cada vez más débil y menos predecible en la región y con Irán cada vez más fuerte. Esto proporciona un terreno fértil a los aliados de Irán para presionar a los regímenes regionales a fin de que se alineen con Irán.

El ángulo de Siria
Los eventos en Siria complican esta situación. El supuesto colapso inminente del régimen del presidente sirio Bashar al Assad ha demostrado ser menos inminente de lo que muchos en Occidente han imaginado. Al mismo tiempo, el aislamiento del régimen de Al Assad por Occidente -y lo más importante, por otros países árabes- ha creado una situación donde el régimen se ha vuelto más dependiente que nunca de Irán.
Si el régimen de al Assad -o el régimen sirio sin al-Assad- sobrevive, Irán, en consecuencia, disfrutará de una enorme influencia en Siria, así como sobre el Hezbolá en el Líbano. El curso actual en Irak, junto con la supervivencia de un régimen alauita en Siria podría crear una esfera de influencia iraní, que se extienda desde el oeste de Afganistán hasta el Mediterráneo. Esto representaría un cambio fundamental en el equilibrio de poder regional y probablemente redefiniría las relaciones de Irán con la Península Arábiga. Este es  obviamente, el interés de Irán. Sin embargo es parte de los intereses de Estados Unidos.
Estados Unidos ha tratado de enfrentar el problema a través de una doble respuesta. Clandestinamente se ha comprometido en una campaña activa de sabotaje y asesinatos dirigidos contra los esfuerzos nucleares de Irán. Públicamente ha creado un régimen de sanciones contra Irán, más recientemente dirigidas a las exportaciones de petróleo de Irán. Sin embargo, este esfuerzo enfrenta muchos desafíos.
Japón, el segundo comprador de crudo iraní, ha prometido su apoyo, pero no ha elaborado planes concretos para reducir sus compras. Los chinos y los indios -los compradores 1° y 3° de crudo, respectivamente- continuarán comprando a Irán a pesar del aumento de la presión de Estados Unidos. A pesar de la visita del secretario del Tesoro Timothy Geithner la semana pasada, los chinos no están dispuestos a imponer sanciones y no es probable que los rusos hagan cumplir las sanciones, incluso si estuvieran de acuerdo con ellas. Turquía no está dispuesta a entrar en confrontación con Irán y está tratando de mantener abierto un canal comercial vital para los iraníes, independientemente de las sanciones. Al mismo tiempo, mientras los europeos parecen estar dispuestos a participar en las tareas más difíciles de ejecutar las sanciones contra el petróleo iraní, ya han retrasado la acción sobre estas sanciones y ciertamente no están en posición política de participar en acciones militares. La crisis económica europea es en la raíz una crisis política, por lo que incluso si los europeos pudieran añadir un peso militar significativo, es poco probable que puedan organizar una acción concertada de cualquier tipo.
Y Estados Unidos no tiene la capacidad de hacer mucho militarmente. La invasión de Irán está fuera de la cuestión. La geografía montañosa de Irán, un país de unos 70 millones de personas, hace que la ocupación directa sea imposible para las fuerzas estadounidenses disponibles.
Las operaciones aéreas contra Irán son una opción, pero no pueden limitarse a las instalaciones nucleares. Irán aún no tiene armas nucleares, y mientras las armas nucleares agravarían el problema estratégico, el problema seguiría existiendo sin ellas. El centro de gravedad del poder de Irán es el poder relativo de sus fuerzas convencionales en la región. Si estas fuerzas no existieran, Irán sería menos capaz de ejercer el poder encubierto, y la matriz psicológica cambiaría.
Una campaña aérea contra las fuerzas convencionales de Irán podría desplegar la fortaleza militar americana, pero tiene dos problemas. En primer lugar, sería una campaña extendida, que duraría varios meses. Las capacidades de Irán son grandes y dispersas, y como se ve en la Tormenta del Desierto y Kosovo contra oponentes más débiles, estas operaciones llevan mucho tiempo y no garantizan ser efectivas. En segundo lugar, los iraníes tienen puntos a favor. Uno, por supuesto, es el Estrecho de Ormuz. El segundo es el uso de sus fuerzas de operaciones especiales y sus aliados dentro y fuera de la región para llevar a cabo ataques terroristas. Una campaña aérea extendida, junto con los ataques terroristas podría aumentar la desconfianza en el poder estadounidense en lugar de aumentarla entre los aliados de Estados Unidos, por no hablar de la cuestión de si Washington podría mantener el apoyo político en una coalición o dentro de su propio país.

La opción encubierta
Estados Unidos e Israel tienen opciones encubiertas. Tienen redes de influencia en la región y fuerzas secretas de alta capacidad, que han dicho públicamente que iban a utilizar para limitar la adquisición de Irán de armas nucleares sin recurrir a la fuerza abierta. Asumimos que, a pesar de que se carece de evidencia, el asesinato del químico iraní relacionados con el programa nuclear del país la semana pasada era una operación de Estados Unidos o Israel, o alguna combinación de los dos. No sólo eliminan a un científico, sino que también crean problemas de inseguridad y de moral entre las personas que trabajan en el programa. Estados Unidos e Israel tienen opciones dentro de Irán. El deseo de Estados Unidos de obtener apoyo contra el gobierno iraní en general, ha fracasado. Teherán demostró en 2009 que podía reprimir las manifestaciones y era obvio que los manifestantes no tenían el amplio apoyo necesario para superar esa represión. Aunque Estados Unidos ha tratado de apoyar a los disidentes internos en Irán desde 1979, no ha tenido éxito en producir una amenaza significativa para el régimen clerical. Por lo tanto, las operaciones encubiertas están dirigidas directamente al programa nuclear con la esperanza de que los éxitos podrían ejercer una onda expansiva a otros sectores más importantes.
Los iraníes ya tienen una "opción nuclear", es decir, la posibilidad de bloquear el estrecho de Hormuz, a través de los cuales circula aproximadamente el 35% de crudo y el 20% del petróleo comercializado en el mundo todos los días. Si lo hace, les haría daño, también, por supuesto. Si no puede impedir una campaña aérea o una guerra encubierta, podría optar por cerrar el estrecho. Interrumpiendo temporalmente el flujo de petróleo, aunque de forma intermitente, rápidamente podría crear una crisis económica mundial, dada la fragilidad de la economía global.
Estados Unidos no quiere ver eso. Washington será extremadamente cauteloso en sus acciones a menos que pueda actuar con un alto grado de seguridad de que puede evitar este tipo de interrupción, algo difícil de garantizar. También tendrá que contener a Israel, que podría tener la capacidad de atacar unas pocas instalaciones nucleares, pero carece de la fuerza para eliminar completamente el programa de capacidad convencional y mucho menos atacar a Irán y gestionar las consecuencias del cierre en el Estrecho de Ormuz. Sólo Estados Unidos puede hacer todo eso y, teniendo en cuenta las posibles consecuencias, se muestra reacio a intentarlo.
Estados Unidos continúa, por lo tanto, con las sanciones y acciones encubiertas, mientras que Irán continúa construyendo su poder encubierto en Irak y en la región. Cada uno tratará de convencer a la región de que su poder será supremo en un año. La región se muestra escéptica respecto de ambos, pero tendrá que vivir con uno de los dos, o con un continuo test de voluntades, una perspectiva inquietante. Cada parte está tratando de ampliar su poder buscando el efecto psicológico, sin cruzar una línea roja que obligue al otro a tomar medidas extremas. Irán está dispuesto a tratar de cerrar Ormuz y desarrollar armas nucleares, pero no cruzar la línea para realmente cerrar el estrecho o detonar un dispositivo nuclear. Estados Unidos presiona a Irán y mueve sus fuerzas, pero no cruza la línea roja de las acciones militares. Así, cada cual evita desencadenar acciones inaceptables para el otro.
El problema para Estados Unidos es que el status quo en última instancia, va en su contra. Si sobrevive al Assad y si la situación en Irak procede como ha de proceder, entonces Irán está creando una realidad que va a redefinir la región. Estados Unidos no tiene una coalición amplia y eficaz y desde luego no tiene una que sea utilizable en el caso de guerra. Sólo tiene a Israel, e Israel se siente tan incómodo con la acción militar directa como lo está Estados Unidos. No quiere ver un ataque fallido y no quiere ver más inestabilidad en el mundo árabe. A pesar de su retórica, Israel tiene una mano débil para jugar. La única virtud de la parte estadounidense es que es más fuerte - pero sólo relativamente hablando.
Para Estados Unidos, prevenir la expansión de una esfera de influencia iraní es una preocupación primordial. Irak va a ser un escenario difícil para detener la expansión de Irán. Siria por lo tanto, es clave en la actualidad. Al Assad parece débil y su reemplazo por un gobierno sunita limitará -pero no destruirá- otra esfera de la influencia iraní. Sería un retroceso de Irán y Estados Unidos necesita urgentemente ejecutarlo. Pero el problema es que Estados Unidos no puede ser visto como el agente directo del cambio de régimen en Siria y al Assad no es tan débil como se ha dicho. A pesar de ello, Siria es donde los Estados Unidos pueden trabajar para bloquear a Irán sin tener que cruzar la línea roja.
El resultado normal de una situación como ésta, en la que ni Irán ni Estados Unidos pueden permitirse el lujo de cruzar la otra línea roja ya que las consecuencias serían demasiado grandes para cada uno, sería algún tipo de negociación hacia una adaptación a largo plazo. Dejando la ideología de lado -Estados Unidos negociando con el "eje del mal" o Irán con el "Gran Satán", será duro vender esa imagen a sus respectivas audiencias nacionales- el problema con esto es que es difícil ver lo que cada uno tiene para ofrecer al otro. Lo que Irán quiere -una posición dominante en la región y una redefinición de cómo se asignan la distribución y los ingresos del petróleo- haría que Estados Unidos dependa de Irán. Lo que Estados Unidos quiere -un Irán que no construye una esfera de influencia sino que permanece dentro de sus fronteras- le costaría a Irán declinar una oportunidad histórica para hacer valer sus reclamos de larga data.
Nos encontramos en una situación en la que ninguna de las partes quiere obligar a la otra a medidas extremas y ninguna de las partes está en condiciones de entrar en compromisos más amplios. Y eso es lo que hace que la situación sea de peligro. Cuando los problemas fundamentales están en juego, cuando cada lado está en posición de dañar profundamente al otro si se lo presiona y cuando ninguna de las partes está en condiciones de negociar un acuerdo amplio, siempre se produce un juego de ajedrez. Y en ese juego de ajedrez, las posibilidades de error, de un engaño que induce al otro a una acción, son muy reales.
Europa y China están redefiniendo la forma en que funciona el mundo. Pero los reinos funcionan con petróleo, como alguien dijo una vez, y un montón de petróleo llega a través de Ormuz. Irán podría o no ser capaz de cerrar el estrecho y dar una nueva forma a Europa y China. El Año Nuevo comienza donde esperábamos: en el Estrecho de Ormuz.

jueves, 19 de enero de 2012

CHINA, IRÁN Y EL PETROLEO QUE LOS UNE

La estrategia energética china en el Golfo Pérsico

Resumen
El primer ministro chino se encuentra actualmente de visita en Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. El viaje, que coincide con el aumento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán alrededor del estrecho de Ormuz, es parte de un esfuerzo de Pekín para aumentar su cooperación con los países productores de petróleo del Golfo Pérsico como una forma de garantizar la seguridad energética de China y ampliar su influencia económica en la región.

Análisis
El premier chino, Wen Jiabao, se encuentra en medio de una visita de seis días a Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, la primera visita al extranjero de los principales líderes chinos en 2012. El objetivo del viaje es la inversión, el comercio y la seguridad energética de China, lo que refleja la continua importancia estratégica de la región en la combinación energética china.
La visita del primer ministro chino se produce mientras Estados Unidos está presionando para una ampliación de las sanciones contra Irán -una vez más dirigidas contra las exportaciones de petróleo iraní- y en medio de tensiones en todo el Estrecho de Ormuz, tales como las posturas iraníes para contrarrestar la presión de Estados Unidos. China importa casi la mitad de su petróleo de la región del Golfo -incluyendo un 10% sólo de Irán- y al mismo tiempo la inestabilidad política puede aumentar los costos de las importaciones. Una alteración significativa del abastecimiento desde la región tendría un grave impacto sobre la economía china.
Como parte del esfuerzo de China para diversificar y asegurar sus fuentes de energía -especialmente dada la actual tensión en torno a Irán y el estrecho- Beijing tiene la intención de impulsar las relaciones económicas con los países del Golfo a través de inversiones en energía y otros tipos de infraestructura.
La visita de Wen a Arabia Saudita es la primera de un premier chino en dos décadas (aunque el presidente Hu Jintao visitó el país en 2006 y 2009). Su visita a los Emiratos Árabes Unidos y Qatar es la primera de un premier chino desde que China estableció relaciones diplomáticas con esos países. Esta falta de visitas no significa que China no haya tenido ningún interés en la región. Las empresas chinas han estado activas invirtiendo en los países del Medio Oriente, pero sí muestra una limitada interacción entre los altos dirigentes de China y los Estados del Golfo Árabe. Beijing cuenta actualmente con una influencia limitada en la región, además de su peso económico y su sede permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. China siempre ha adoptado un enfoque relativamente de manos libres en la región, no sólo porque ha sido la competencia de los Estados Unidos, sino también porque Beijing ha centrado gran parte de su atención en el desarrollo y expansión de nuevas fuentes de suministro más allá del Medio Oriente, particularmente
en África y en Asia Central.
La misión principal de Wen es fortalecer los lazos económicos con los estados del Golfo Pérsico con el fin de ampliar las oportunidades de inversión china no sólo en petróleo y el sector del gas natural, sino también en ferrocarriles, puertos y otras infraestructuras.
Esto permite a China aprovechar el desarrollo nacional sostenido en la región, impulsado principalmente por los petrodólares, y ayudar a la evolución de la creación de rutas alternativas para que el petróleo del Golfo llegue a los mercados de exportación.
Para ello es fundamental encontrar formas de evitar el Estrecho de Ormuz, el cuello de botella estratégico en la boca del Golfo Pérsico. Casi todas las exportaciones de la región deben transitar por el estrecho -y debido a que Teherán lo ha dejado en claro una vez más con sus recientes maniobras militares, si Irán se presiona demasiado duro tiene la capacidad de bloquear temporalmente el estrecho en una crisis, cortando el suministro de petróleo no sólo a China sino al mundo.
Si bien este escenario puede parecer poco probable, y sería contraproducente ya que dañaría tanto a Irán tanto como sus vecinos, Beijing ve la seguridad del petróleo en términos de posibles interrupciones futuras, no sólo en lo que considera probable que suceda en la actualidad.
Uno de los proyectos clave para China en la región es el oleoducto de crudo de Abu Dhabi, lo que permitiría a los buques de carga operar fuera del estrecho de Ormuz. Esto puede ser un comienzo pequeño, pero demuestra el tipo de desarrollo al que China le gustaría expandirse regionalmente. Y no es sólo en Medio Oriente donde China está participando en proponer líneas de suministro de energía que eviten estratégicos cuellos de botella navales. Los proyectos de China del oleoducto en Myanmar, por ejemplo, están diseñados para evitar el estrecho de Malaca y sus inversiones en Asia central y su trabajo con Rusia proporcionan rutas adicionales para importaciones de petróleo y gas natural, que intentan limitar las vulnerabilidades de Pekín a cualquier posible punto único
de crisis o de fracaso.
Cualquier inestabilidad en la región tiene el potencial de impactar los suministros de petróleo de China desde Irán, pero implica también un riesgo político adicional. En el pasado, cuando la presión de Estados Unidos aumentaba las sanciones contra Irán, China reducía temporalmente las importaciones de Irán, sólo para volver a reconstruirlas de nuevo en un mes o dos. Esto ha permitido a Beijing suavizar la presión directa de Estados Unidos sobre China y esperar a que el ambiente político se enfriara antes de reanudar su flujo regular de importaciones.
China no tiene ni la voluntad política ni la capacidad económica para alejarse de Irán, a pesar de la presión de Estados Unidos, pero sí puede ajustar sus importaciones mensuales, a veces como parte de su gestión global de las relaciones con  Estados Unidos.
En parte, estamos viendo un patrón similar en la actualidad en la forma cómo China ha reducido su orden de compra de crudo de Irán en enero y febrero en comparación con sus importaciones de diciembre. Pero esta decisión de China también refleja un debate sobre el precio del crudo iraní en 2012. Beijing, ante la percepción de una presión creciente sobre Irán y los movimientos de Europa para ampliar potencialmente las sanciones contra el petróleo iraní, ha pedido un precio más bajo y un período más largo para realizar los pagos.
Como el cliente más grande de Irán para las exportaciones de petróleo, Beijing ejerce una fuerte influencia en Irán, pero como Irán significa más del 10% de las importaciones de petróleo de China, Irán también tiene su influencia propia y hasta el momento se ha negado a ajustar las condiciones de pago.
En el corto plazo, China está haciendo pedidos menores de crudo a Irán mediante el pedido de suministros adicionales a Irak, Rusia y África Occidental. Pero es poco probable que Irán o China se mantengan alejados por tiempo indefinido como para sellar un compromiso y reorganicen los términos de un acuerdo de energía.
El aumento de la atención pública sobre China, las inversiones y el trabajo hacia un acuerdo de libre comercio con los Estados árabes del Golfo también puede servir a Beijing para recordar a Irán que si bien es una importante fuente de crudo de China, China sigue siendo uno de los pocos defensores internacionales de Irán -al menos políticamente- y esta relación especial con Irán podría caer, al igual que el cambio en las relaciones de China con Corea del Norte cuando Beijing estableció relaciones diplomáticas y amplió los lazos económicos con Corea del Sur.
Aunque ciertamente sería difícil reemplazar los suministros de crudo de Irán, China se centra más en la búsqueda de fuentes adicionales para cubrir su consumo en expansión. Los estados árabes del Golfo han sido un componente fundamental de esto, ya que han aumentado los suministros desde Asia Central y África, y China prevé un aumento de los suministros rusos. Salvo un cambio significativo en el ambiente político, es poco probable que las exportaciones de petróleo iraní a China crezcan mucho más, así como el necesario desarrollo de infraestructura adicional en Irán es probable que se construya en el corto plazo. Esto significa que, mientras que China no reducirá necesariamente sus importaciones globales procedentes de Irán, este país comprenderá una cada vez más pequeña porción de las importaciones de energía de China dentro de la expansión global de sus importaciones.

lunes, 16 de enero de 2012

AÑO NUEVO, GUERRA NUEVA

El 2012 inicia con una creciente amenaza de Guerra en el Golfo Pérsico
Por Peter Symonds
12 Enero 2012

El año comienza con la amenaza inminente de una nueva guerra estadounidense, esta vez contra Irán. En un fuerte intercambio de palabras, los EE.UU. ayer dejó de lado una advertencia iraní de que el portaviones estadounidense USS John C. Stennis no regresará al Golfo Pérsico ya que constituía una amenaza a Irán.
Los EE.UU. y la Unión Europea han incrementado tensiones deliberadamente en el Golfo con adicionales sanciones económicas que podrían mutilar la ya debilitada economía iraní. El sábado, el presidente Obama firmó como ley el Acta de Autorización de Defensa Nacional (NDAA, siglas en inglés) la cual incluye una medida para penalizar compañías extranjeras que hagan negocios con el Banco Central de Irán y de esta manera potencialmente bloquear las exportaciones de petróleo iraníes. A finales de este mes, la Unión Europea considerará un embargo a las importaciones de petróleo iraní por sus estados miembros.
El impacto en la economía iraní ha sido inmediato. El rial cayó 11 por ciento contra las monedas extranjeras el lunes, obligando a intervenir al Banco Central. La moneda ha caído casi 35 por ciento desde septiembre, estableciendo la alta tasa inflacionaria del país. Ventas de petróleo y gas representan el 80 por ciento de las ganancias de exportaciones de la divisa fuerte de Irán.
Teherán ha respondido a la guerra económica de Washington amenazando con cerrar el Estrecho de Hormuz sis se implementan restricciones a sus exportaciones de petróleo. La marina estadounidense ha advertido que "no tolerará" cualquier restricción al acceso al Golfo. Los medios internacionales y estadounidenses han aprovechado los ejercicios navales iraníes y los ejercicios de prueba de nuevos misiles para demonizar a Irán, denunciando la "agresión" iraní y pregonar los peligros de un "Irán nuclear".
Una vez más una administración estadounidense está usando afirmaciones sin fundamento sobre armas nucleares para generar pánico público y crear el clima político para una peligrosa aventura militar. Los recientes comentarios del Secretario de Defensa Leon Panetta, quién declaró que Irán podría obtener un arma nuclear dentro de un año y que advirtió que los EE.UU. "tomarían cualquier medida necesaria para lidiar con ello", hacen eco de la retórica beligerante del Presidente George W. Bush y el Vicepresidente Dick Cheney en el 2002 mientras se preparaban para invadir Irak.
En un año de elecciones presidenciales, Obama está bajo presión de sus potenciales rivales republicanos para adoptar una postura incluso más belicosa hacia Irán. El domingo pasado el candidato presidencial Rick Santorum declaró que él "degradaría" las instalaciones nucleares iraníes a través de ataques aéreos a menos que Teherán se ponga de acuerdo para desmantelarlas. La Casa Blanca también está siendo presionada por Israel para que tome acción contra Irán.
Irán ha sido central a las calculaciones de la administración Obama en el Oriente Medio el año pasado. Habiendo sido tomado por sorpresa por los levantamientos en Túnez y Egipto, los EE.UU. y sus aliados europeos se aprovecharon de las protestas anti-gubernamentales en Libia para intervenir militarmente con una campaña de bombardeo criminal para derrocar a Gadafi e instalar un régimen clientelista en Trípoli. Ahora métodos similares están siendo usados contra el aliado regional de Irán: el régimen sirio del Presidente Bashar al-Assad.
Esfuerzos estadounidenses para aislar y minar a Assad han recibido asistencia considerable de Turquía, el cual se está aprovechando de la llamada Primavera Árabe para expandir sus propias ambiciones como un poder regional. En meses recientes, el gobierno turco, sin lugar a dudas apoyado por Washington, se ha retractado de desarrollar lazos con Irán para convertirse en un patrocinador de los grupos oposicionistas a Assad.
Habiendo fracasado en asegurar la continua presencia de tropas estadounidenses en Irak, Washington está también fomentando intrigas con partidos de base sunitas en contra del gobierno iraquí del Primer Ministro Nouri al-Maliki, de quién se considera que está demasiado alineado con Teherán. Los EE.UU. se está aprovechando de las actuales y amargas disputas sectarias en Bagdad ya sea para poner a Maliki en línea o para modelar un régimen más de acorde a los intereses estadounidenses.
Un documento del 20 de diciembre de Anthony Cordesman, analista del Centro para Estudios Internacionales y Estratégicos, y otros dan voz a un amplio sentimiento que hay en Washington de que "a menos de que los EE.UU. actúen de una manera mucho más decisiva, Irán resultará ser el ganador de facto de la invasión estadounidense de Irak". Concluyó con: "Mucho depende de lo que EE.UU. haga afuera de Irak para detener y contener a Irán".
La administración Obama ya ha tomado los pasos para consolidar su presencia militar en Kuwait y otros estados del Golfo, incluyendo Bahréin, la sede de la quinta flota de la marina estadounidense. Con el estímulo de Washington, la reciente cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo en Riad aprobó la creación de una "unión" formal que involucre cooperación de seguridad contra amenazas externas, implícitamente Irán.
El jueves pasado, la Casa Blanca remarcó una venta de armas valorizada en $30 mil millones a Arabia Saudita, un aliado estadounidense y el viejo rival de Irán por la influencia regional en el Golfo. Al siguiente día, los EE.UU. anunció un acuerdo por $3.5 mil millones para vender sofisticados sistemas de defensa de misiles a los Emiratos Árabes Unidos. El Noviembre pasado, la administración Obama propuso otro acuerdo de armas a los EAU que incluía bombas anti bunkers, el claro objetivo son las instalaciones militares y nucleares subterráneas de Irán.
Las preparaciones estadounidenses para una guerra contra Irán no están dirigidas para detener el supuesto programa de armas nucleares del país, sino para expandir la hegemonía de Washington en las regiones estratégicas y petroleras del Oriente Medio y Asia Central. Los EE.UU. no ha abandonado el objetivo que condujo a las invasiones de Afganistán e Irak: ejercer control en los suministros de petróleo y gas de sus rivales europeos y asiáticos.
Uno de los principales objetivos de la administración Obama al unirse al bombardeo de la OTÁN en Libia era el de minar la creciente influencia de China en el Oriente Medio y África. La guerra contra Libia puso miles de millones de dólares de proyectos chinos en peligro. Un embargo petrolero o un conflicto militar con Irán tendrían consecuencias económicas mucho más grandes para China. Irán es la fuente de 11 por ciento de las importaciones petroleras de China y el destino de largas inversiones chinas en los sectores de construcción y energía.
Apenas en noviembre pasado los EE.UU. y Australia anunciaron un nuevo acuerdo para estacionar tropas estadounidenses en el norte del país último y así expandir las operaciones militares y de inteligencia estadounidenses en una movida claramente dirigida contra China.
Al levantar irresponsablemente la temperatura política en el Golfo Pérsico, la administración Obama ha subido el peligro de un descenso hacia un conflicto militar que amenace con engolfar a la región y esparcirse internacionalmente. La única fuerza que puede prevenir tal catástrofe es la clase trabajadora internacional. Esta debe ser movilizada contra la guerra imperialista y la raíz de su causa, el sistema capitalista y su obsoleta división del mundo en estados naciones competitivas sobre la base del programa de la revolución socialista mundial.

martes, 13 de diciembre de 2011

PROTESTAS EN LIBIA CONTRA EL CNT

Libia: decenas de miles de personas protestan en Benghazi

Entre 20.000 y 30.000 manifestantes se reunieron en la plaza de Shajara, cerca de la calle Abdel Nasser en la ciudad oriental libia de Benghazi el 12 de diciembre para demostrar su frustración con el gobierno provisional de Libia, el Consejo Nacional de Transición, informó Reuters.
Es la mayor manifestación de Bengasi donde comenzó la rebelión contra el ex líder libio, Muamar Gadafi. Los manifestantes corearon "la revolución iniciada en Bengasi", y exigió cambios en el gobierno y la eliminación de cualquier persona relacionada con el régimen de Gadafi.

lunes, 12 de diciembre de 2011

OLEADA DE HUELGAS OBRERAS EN CHINA

Signos de una oleada de huelgas en China
10 de diciembre 2011

Durante el pasado mes de noviembre, una serie de huelgas ha tenido lugar en China. Si bien estos conflictos son aún pequeños y aislados, son la señal de un cambio profundo. El ingreso de la clase obrera internacional a las grandes luchas durante el año 2011, comenzando con los levantamientos en Túnez y Egipto, su extensión a Europa y al movimiento de protesta en Wisconsin en los EE.UU., está comenzando a encontrar su reflejo en China.
Al igual que millones de trabajadores en Europa y América los trabajadores chinos se enfrentan a la austeridad y el aumento del desempleo, por lo que la caída en los pedidos de exportación se ha traducido en el descenso de su nivel de vida.
A su vez, los dueños de las maquiladoras de China, frente a la reducción de los márgenes de ganancia, están traspasando la carga a los trabajadores, lo que provocó los últimos conflictos laborales.
Las huelgas han sacudido las fábricas de exportación en el Delta del Río Pearl, en la provincia de Guangdong. Unos 7.000 trabajadores de la planta de calzado Yue Cheng entraron en huelga el 17 de noviembre para defender sus puestos de trabajo en contra del plan de la compañía para trasladarse al interior, donde la mano de obra es más barata. A ellos se sumaron cientos de trabajadores de Top Form, uno de los más importantes fabricantes de ropa interior, y los más de 1000 trabajadores de una planta de accesorios de propiedad taiwanesa.
En ambos casos, las protestas fueron contra la extensa jornada laboral y los bajos salarios.
Más recientemente, en la planta de Shenzhen Hailiang Storage Products, 4.500 trabajadores han estado en huelga desde el domingo para defender el empleo y las condiciones laborales, ya que la planta va a ser vendida al fabricante estadounidense de discos duros Western Digital.
Al igual que con otros paros, las autoridades chinas han respondido con medidas de represión policial, con el envío de la policía antidisturbios para hacer frente a los 2.000 trabajadores que ocuparon la fábrica.
El Partido Comunista Chino (PCCh) es muy consciente de que el malestar industrial es diferente a la ola de huelgas por salarios que comenzó el año pasado en la planta de automóviles Honda.
Las últimas huelgas no son para obtener salarios más altos, sino para defender los empleos existentes y mantener las condiciones de trabajo frente a los empleadores que reducen sus costos en todos los frentes e impulsan un mayor número de horas de trabajo y horas extraordinarias no remuneradas.
Las preocupaciones ya han expresado que la pérdida de empleos podría ser tan grave como en 2008, cuando 23 millones de trabajadores chinos perdieron sus empleos. Li Qiang, director de la sede en Estados Unidos de Watch China Labour, advirtió recientemente: "los despidos fabriles masivos darán lugar a un aumento de las protestas y de los disturbios sociales en las zonas urbanas y rurales de China, impulsadas sobre todo por los trabajadores despedidos de fábrica y por otros trabajadores migrantes
especialmente marginados por la sociedad".
Lo que Pekín más teme es la acción coordinada de los trabajadores, como la adoptada el mes pasado por miles de trabajadores de PepsiCo en una protesta organizada conjunta a través de Internet en cinco provincias contra de un proyecto de fusión y pérdida de empleos.
Tomados por sorpresa, Pekín ordenó posteriormente a su policía de Internet que bloqueara la palabra "huelga de PepsiCo" de los servicios de micro-blogging.
La posibilidad de amplio malestar hizo que Zhou Yongkang, alto dirigente del PCCh, se dirigiera esta semana a los oficiales de seguridad del Estado para advertir que todos los niveles de gobierno deben establecer con urgencia un "sistema de gestión social" (palabras en código para medidas de represión estatal), "especialmente cuando se enfrentan a los efectos negativos
de la economía de mercado".
La burocracia del PCCh sigue siendo perseguida por la última crisis revolucionaria en China, las protestas de masas de los trabajadores y estudiantes en la Plaza de Tiananmen y otras ciudades chinas en 1989.
El régimen tuvo que desplegar tanques y decenas de miles de soldados para aplastar lo que fue una rebelión emergente de la clase obrera contra los efectos devastadores de la restauración capitalista en los niveles de vida.
La expansión masiva del capitalismo chino en las últimas dos décadas sólo ha aumentado las tensiones sociales. A medida que China se ha convertido en la explotación del capitalismo mundial, la clase obrera se ha expandido enormemente a un estimado de 400 millones de trabajadores.
El campesinado, que no participó en las protestas de 1989, está ahora íntimamente ligado a las ciudades a través de millones de trabajadores rurales migrantes.
El régimen estalinista no puede confiar en los sindicatos estatales para contener una clase obrera conflictiva. La Federación de Todos de Sindicatos de China (ACFTU) funciona directamente en nombre del gobierno y las empresas de los empleados policiales.
Ningún trabajador espera que esta organización apoye ir a la huelga.
Durante la reciente huelga de PepsiCo, por ejemplo, los trabajadores eligieron a sus propios representantes y celebraron sus propias reuniones generales para dirigir la lucha.
Después de lograr un acuerdo el 30 de noviembre que no les satisfizo, los trabajadores de la planta embotelladora de Lanzhou decidieron continuar su protesta.
Muchos de los trabajadores, sin embargo, se hacen ilusiones de que los sindicatos independientes, como propone en Hong Kong el director del China Labour Bulletin, Han Dongfang, ofrecen un medio para luchar por sus intereses.
El objetivo de Han, un dirigente obrero durante las protestas de 1989, se expresa en "despolitizar" cualquier movimiento huelguístico, para prevenir cualquier desafío político al régimen estalinista y confinar las demandas de los trabajadores a limitadas reformas graduales.
Al igual que sus homólogos de todo el mundo, los trabajadores en China, enfrentan un asalto concertado contra sus puestos de trabajo y sus estándares de vida.
En China la ofensiva está dirigida por el gobierno del PCCh, que, a pesar de su ocasional fraseología socialista, defiende los intereses de la élite corporativa.

John Chan

sábado, 10 de diciembre de 2011

ESTADOS UNIDOS REDOBLA TAMBORES DE GUERRA EN ASIA

El agresivo giro de Obama en relación con Asia

La gira de Obama por Asia a comienzos de diciembre marcó un momento decisivo en geopolítica. En cada frente (diplomático, económico y estratégico) el presidente estadounidense dio curso a la confrontación con China ya que trató de reafirmar el dominio estadounidense en la región del planeta que crece más rápidamente.
En la Cumbre de Cooperación Económica Asía Pacífico, Obama lanzó la Asociación Trans Pacífico, un pacto que tiene la función de garantizar que el comercio regional se lleva a cabo en los términos de Washington. En Canberra anunció el asentamiento de marines estadounidenses en el norte de Australia, junto con un mayor uso de las bases navales y aéreas australianas (la primera expansión militar estadounidense en Asia desde el final de la Guerra de Vietnam). A pesar de la oposición de China, en la Cumbre del Sudeste de Asia en Bali Obama consiguió el apoyo de los países del sudeste de Asia para forzar una discusión sobre el Mar del Sur de China, unas aguas territoriales discutidas que son de vital interés estratégico y económico para China.
En su discurso ante el parlamento australiano Obama hizo explícito el giro de su política exterior en relación a Asia. Explicó que tras una década de luchar guerras en Iraq y Afganistán “Estados Unidos estamos volviendo nuestra atención al vasto potencial de la región Asia-Pácifico”. Obama anunció que había tomado una decisión deliberada y estratégica: “como nación del Pacífico, Estados Unidos desempeñará un papel más amplio y más a largo plazo en dar forma a esta región y a su futuro”.
El giro hacia Asia no es una decisión reciente de Obama sino que proviene de los profundos cambios en la economía global que se reflejaron en la profunda insatisfacción de las clases dirigentes estadounidenses con la orientación estratégica del gobierno de George W. Bush. Bajo la capa de una “guerra contra el terrorismo”, Bush había sumido a Estados Unidos en dos guerras desastrosas que minaron al ejército estadounidense, debilitaron a la diplomacia estadounidense y generado una inmensa oposición interna.
El apoyo de ambos partidos a las guerras reflejaba un amplio apoyo en Washington a la estrategia subyacente (garantizar la hegemonía estadounidense en Oriente Próximo y Asia Central sobre las mayores reservas de energía del mundo para poder chantajear a los rivales asiáticos y europeos de Washington). Sin embargo, lo que se había vendido como victorias fáciles se convirtieron en pesadillas. Aumentaron las críticas, especialmente por la incapacidad de Bush para contener la cada vez mayor influencia de China en Asia.
La expansión económica de China en la última década estuvo vinculada a una reestructuración fundamental del proceso de manufacturación tras la crisis financiera asiática de 1997-98. Las economías del este y sudeste de Asia se integraron cada vez más en cadenas de producción y distribución centradas en la producción en China. Entre 2000 y 2010 el comercio anual chino con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés) saltó de 39.400 millones de dólares a 292.800 millones. Estos procesos económicos encontraron su reflejo en acuerdos de libre comercio regionales y en la influencia cada vez mayor de China en foros como ASEAN, ASEAN+3 y la Cumbre del Este de Asia, reuniones a las que Estados Unidos o bien no pertenece o bien no asistió.
La llegada de Obama a la presidencia fue respaldada por poderosas secciones de la clase dirigente estadounidense que tenían relación con la política exterior como un medio de sacar a Estados Unidos de Iraq y Afganistán y de preparar una campaña agresiva en la económicamente dinámica región Asia-Pacífico. En medio de la crisis financiera global de 2008-09, incialmente Obama tuvo que aplacar a China—con altos cargos estadounidenses viajando a Beijing para urgir al “banquero de Estados Unidos” a comprar más bonos estadounidenses.
Sin embargo esta fase pasó rápidamente. El gobierno Obama firmó el Tratado de Amistad y Cooperación ASEAN—algo que Bush se negó a aceptar—y logró ser admitido en los foros basados en la ASEAN. En julio de 2009 la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton declaró en la cumbre de la ASEAN que Estados Unidos había “vuelto al Sudeste de Asia”. En una reunión de la ASEAN celebrada el año pasado Clinton afirmó que Estados Unidos tenía “intereses nacionales” en las disputas regionales en el Mar del Sur de China, lo que llevó al ministro de Exteriores chino Yang Jiechi a declarar que las afirmaciones de Clinton eran “prácticamente un ataque a China”. Los esfuerzos diplomáticos estadounidenses se han dirigido no solo a establecer aliados sino a sacar a países como Birmania de la esfera de influencia de China.
Al igual que en Oriente Próximo, el abrumador foco de atención del gobierno Obama en Asia se ha centrado en fortalecer la postura militar estadounidense. En los dos últimos años ha ido aumentando las relaciones estratégicas y militares en la región, particularmente con Japón, India y Australia. Estados Unidos ha suministrado barcos de guerra a Filipinas, celebrado unos ejercicios conjuntos sin precedentes con Vietnam, anunciado una vasta nueva venta de armas a Taiwan y eliminado la prohibición de colaboración estadounidense con las mal reputadas fuerzas especiales Kopassus. El año pasado el gobierno Obama apoyó a Japón en su tenso pulso con China en relación a la detención de un capitán de barco de pesca chino en aguas en disputa y declaró provocativamente que Estados Unidos estaba obligado bajo tratado a apoyar a japón en cualquier conflicto.
La estrategia del Pentágono sigue centrada en controlar los suministros de energía. Sin embargo, en vez de tratar de situar a Oriente Próximo bajo su completo dominio político, Estados Unidos está confiando en su fuerza militar para dominar las vitales rutas de transporte marítimo de energía y materias primas de China desde Oriente Próximo y África a través de cuellos de botella clave (sobre todo el Estrecho de Malaca) hacia el Mar del Sur de China. Estos planes recuerdan la manera como Estados Unidos explotó su potencia naval para imponer un bloqueo a Japón en 1941, lo que desencadenó una cadena de acontecimientos que llevaron a la Guerra del Pacífico.
Dos significativas bajas políticas ponen de relieve la intensidad de la campaña estadounidense en Asia. A pesar de todo lo que Obama habla de “democracia”, su gobierno no ha admitido oposición alguna, ni siquiera de sus aliados mas estrechos. La Casa Blanca tuvo que ver con la dimisión del primer ministro japonés Yukio Hatoyama en junio de 2010 y un mes después con el golpe del Partido Laborista que echó al primer ministro australiano Kevin Rudd. El “crimen” de Hatoyama fue oponerse a que se mantuviera la base estadounidense clave de Okinawa. El de Rudd fue ofrecer facilitar una mejora de relaciones entre China y Estados Unidos. Ambos fueron reemplazados por figuras incondicionalmente pro estadounidenses.
La fuerza impulsora de esta peligrosa confrontación es la relativa decadencia económica del imperialismo estadounidense y el auge de China. Estados Unidos esgrime temerariamente su potencia militar para compensar su debilidad económica mientras trata de mantener su dominio global. A pesar de sus asombrosos índices de su crecimiento económico China se encuentra sacudida por contradicciones económicas y sociales, por encima de todo, el explosivo desarrollo de la clase trabajadora china. Beijing ya no puede permitirse hacer concesiones a Washington, no más de lo que Estados Unidos puede permitirse ceder una esfera de influencia asiática a China. El empeoramiento de la crisis económica global ha magnificado estas tensiones ya que cada potencia trata de reforzar su postura a expensas del otro.
Algunos astutos comentaristas burgueses ya han tratado de trazar paralelismos históricos. En un artículo publicado el pasado viernes [18 de noviembre] el editor del Financial Times Lionel Barber explicaba: “A lo largo de los tiempos la fuente del conflicto ha sido la incapacidad de acomodar a los poderes emergentes o, más bien, la incapacidad de los poderes emergentes para acomodarse al sistema estatal existente”. Tras señalar las guerras mundiales desencadenadas por el auge de Alemania y Japón, advertía de los “peligros de un error de cálculo mutuo” por parte de Estados Unidos y de China. Barber pedía un Klemens von Metternich modero para ajustar las relaciones entre las potencias del Pacífico, como hizo el príncipe austriaco en Europa tras las guerras napoleónicas.
Sin embargo, el siglo XIX fue un periodo histórico diferente. La época del imperialismo que irrumpió en agosto de 1914 ha estado marcada por dos guerras mundiales y ahora por la amenaza de una catástrofe aún más devastadora. La única manera de evitar la guerra es abolir sus causas originarias: el sistema de beneficio y la división del mundo entre Estados nación capitalistas rivales. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional es la única fuerza política que busca unir, educar y movilizar a la clase trabajadora internacional para esta tarea histórica.